Una tristeza indeleble, un miedo que no se va


Mariana Zapata García / mariana.zapataga@upb.edu.co


La mañana del 11 de septiembre de 2001 comenzó con los afanes de cualquier otra. Ricardo Mauricio Noreña Cárdenas, un residente de Nueva York, se encontraba en su carro dirigiéndose desde su casa en Long Island, hasta su trabajo; pero una noticia en la radio lo paralizó junto con el mundo entero. El vuelo AA11 había sido secuestrado por miembros del grupo extremista islámico al Qaeda y había sido estrellado contra la Torre Norte del World Trade Center (WTC), un rascacielos de 110 pisos que llevaba tres décadas como protagonista del paisaje neoyorquino.


“Al principio me pareció extraña la noticia, pues decían que había sido una avioneta, pero después comenzó a saberse, por los relatos de los transeúntes, lo que en realidad había pasado y sentí muchísima tristeza”. Esa es la sensación que más recuerda Noreña.“Yo vivía como a dos horas de la ciudad, pero amigos y familiares me comentaban que fue muy difícil salir de Manhattan, pues el sistema del metro se paralizó”, cuenta mientras se le anuda la garganta como le ocurrió aquella mañana.


Cuando todas las personas alrededor del mundo estaban viendo esta noticia, y pasados 17 minutos del primer ataque, El vuelo UA175 se estrelló contra la Torre Sur del WTC. “Primero se pensó que era un accidente. Después, con el segundo avión, se notificó que estábamos siendo atacados y fue ahí que llegaron las noticias de Washington y de Pennsylvania”, cuenta Ricardo. Y sí, otro de los cuatro aviones secuestrados, el AA77, chocó contra la pared oeste del Pentágono en Washington, y, pasados 26 minutos del tercer ataque, el vuelo UA93 se estrelló en un campo en Shanksville, Pensilvania.


“Las noticias eran desoladoras, con imágenes y videos espeluznantes de ver y oír”, cuenta Noreña con lágrimas en los ojos. “A los tres días pudimos visitar el área y lloramos viendo de lejos como quedó todo; se podía ver el hollín, sentir el olor a quemado y lo dantesco de la escena. Las paredes tenían cientos de fotos de desaparecidos, y recuerdo muy bien todas las flores y los rostros desencajados de las personas que pasaban por allí”. En este atentado murieron exactamente 2 996 personas: 2 763 en el World Trade Center, 189 en el Pentágono, y 44 en Shanksville, Pensilvania. Además, durante los meses de limpieza y reconstrucción, unas 400.000 personas se expusieron a toxinas y lesiones, las cuales provocaron enfermedades crónicas e incluso la muerte a miles de ellas, según los datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU.

El espacio que antes ocupaban las dos torres del World Trade Center está hoy dedicado a un memorial para las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Fotos: Mariana Zapata.


En medio de la noticia del regreso de los talibanes al poder en Afganistán, se hicieron los homenajes a todas las personas afectadas por estos atentados hace 20 años. "No importa cuánto tiempo haya pasado, estas conmemoraciones traen todo dolorosamente de regreso como si acabaran de recibir la noticia hace unos segundos", dijo el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, en una entrevista el viernes 10 de septiembre de 2021. Con los actos conmemorativos del sábado 11 de septiembre de 2021, que comenzaron con una ceremonia a las 08:30 (12:30 GMT) en Nueva York, el ya reformado sitio que ocuparan las Torres Gemelas del World Trade Center se convirtió de nuevo un un santuario de peregrinación en memoria de las víctimas del terrorismo al cual se le declaró una guerra que, dos décadas después, muy pocos creen ganada.

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