“Sharenting”: los daños imprevistos de exponer la vida ajena

Por: María José Arango Agudelo y Carolina Correa Zuluaga / periodico.contexto@upb.edu.co
Como "sharenting" se conoce el fenómeno ocasionado por el ejercicio de los padres que comparten aspectos o procesos completos de la vida y crianza de sus hijos: fotos, videos e información que llegan a las redes sociales y cuyos efectos despiertan preocupaciones desde la psicología y el ámbito legal, según explica la investigadora en Derecho Selena Cebrián Beltrán en un artículo académico que resume los retos de esta situación para el derecho a la imagen y a la protección de datos de la infancia y la adolescencia.
El nombre es una combinación de dos términos del Inglés: share (compartir) y parenting (paternidad), a partir de lo cual se reconoce cuál es la dinámica de esta práctica que, según Cebrián y otros expertos en diferentes áreas, puede tener efectos a largo plazo en los niños y niñas, particularmente en su bienestar emocional y el ejercicio de sus derechos.

Mentes vulnerables
Según la psicóloga Camila Patiño Arango, los efectos emocionales del sharenting pueden ser profundos y duraderos. Afirma que uno de los principales riesgos es la pérdida de privacidad desde una edad temprana: "Las fotos y videos que los padres publican en Internet permanecen en línea durante años, lo que deja una huella digital difícil de controlar", comenta Patiño. Esta constante exposición puede hacer que los niños se sientan vulnerables y ansiosos, afectando su autoestima al sentirse presionados por las expectativas de sus padres y de quienes los siguen en redes sociales.
La exposición constante también impacta las habilidades sociales de los pequeños, explica Patiño. Añade que se vuelven personas que pueden ser definidas más por la imagen pública que proyectan sus padres que por sus propias experiencias. “Los niños pueden desarrollar un sentido de identidad distorsionado y sentirse menos autónomos, lo que afecta su capacidad para establecer relaciones sociales sanas y genuinas”, señala la psicóloga. Refiere además, la posibilidad de volverse blanco de ciberacoso, lo que agrava sus inseguridades personales.
Camila Patiño Arango subraya que, a medida que los niños crecen, el consentimiento sobre lo que se comparte en redes debe volverse más explícito. “Es fundamental que los padres pidan permiso a sus hijos antes de publicar contenido sobre ellos, para que se sientan respetados y valorados en su privacidad”, sugiere la psicóloga. Esta comunicación abierta también puede prevenir resentimientos y conflictos en la relación entre padres e hijos, especialmente si los menores sienten que su privacidad ha sido vulnerada. La falta de respeto hacia su intimidad puede deteriorar la confianza y llevar a que los hijos eviten compartir información personal con sus padres.
Un problema al Derecho
Por su parte, el abogado José Miguel Rodríguez destaca que los menores en Colombia tienen derechos fundamentales, incluidos el derecho a la privacidad y la protección de sus datos personales, según la Constitución en su artículo 15. "Es responsabilidad de los padres velar por la protección de la imagen y datos de sus hijos, pero cuando esta protección no es suficiente, el Estado tiene el deber de intervenir", señala Rodríguez.
El abogado advierte que, en casos donde un niño sufra acoso o daños por la exposición en línea, los padres podrían enfrentar graves responsabilidades legales. "La ley colombiana prevé sanciones tanto penales como civiles, que incluyen la pérdida de la custodia y posibles indemnizaciones si se comprueba que la publicación de información ha causado perjuicios al menor", menciona. Además, la Ley 1581 de 2012 sobre protección de datos personales exige que los padres otorguen un consentimiento informado antes de compartir cualquier dato de sus hijos. “Los padres deben ser conscientes de las implicaciones de las plataformas sociales que usan y asegurarse de que la información que publican no ponga en riesgo la seguridad de sus hijos”, añade.
Rodríguez destaca que, si un menor llega a ser víctima de un delito como el grooming (acoso o abuso sexual en línea) debido a la información compartida en redes, los padres pueden iniciar acciones legales, incluso contra el otro progenitor si este ha sido negligente. La Ley 1581 permite a la Superintendencia de Industria y Comercio imponer sanciones si se detectan irregularidades en el manejo de los datos de menores de edad.
En un contexto en el que los padres suelen ser personas jóvenes y en el que las redes sociales adquieren una importancia tal que son la base de actividades que generan el sustento de cada vez más personas a partir de la generación de contenido, surgen situaciones que constituyen nuevos retos. En 2022, un fallo de la Corte Constitucional puso freno a una pareja de creadores de contenido digital que habrían incurrido en conductas abusivas exponiendo a sus hijos en sus publicaciones.
Estas situaciones ponen las mirada no solo sobre el papel de los padres, sino sobre las herramientas con las que cuentan la mayoría de personas que ejercen este rol en la actualidad, motivo por el cual adquieren especial importancia espacios como las escuelas de padres, espacios de formación abiertos por loscolegios para el correcto acompañamiento al prfoceso formativo desde las familias y que fueron instituidas como obligatorias por la Ley 2025 de 2020.
¿Qué dicen los padres de familia al respecto?
Escúchelo en el siguiente podcast:
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