LOS GRITOS DEL SILENCIO

Hay luchas que no se ven mediante ojos ajenos, que son silenciosas y hasta quitan el aliento. Caminos que terminan abruptamente cuando el cuerpo es joven pero el motor se apaga, por una historia rota, un sueño lejano o una guerra sin fin. Hay pesadillas de las que aún es posible despertar si el guía del camino es el adecuado, pero sobre todo si en una pequeña parte de la noche, aún se anhela un rayo de sol.

Por: Sara Escudero y Tatiana González

Siempre se ha dicho que las personas vienen y van, que el ciclo de la vida consiste en nacer, desarrollarse y fallecer, pero ¿qué sucede con aquellas personas que lo alteran y, simplemente, un día deciden desaparecer? ¿Aquellos que les falta el sueño, aquellos que albergan miedo en su mente y corazón, aquellos que disimulan la ansiedad y la depresión, aquellos que, abrumados por las dificultades, deciden quitarse la vida?

El suicidio es un fenómeno global que afecta cerca de 800.000 personas en todas las regiones del mundo según la Organización Mundial de la Salud - OMS. En Colombia, es la cuarta causa de muerte más frecuente según la Alcaldía de Medellín. Sin embargo, con el 2020 llegó un enemigo más para aquellas personas, un organismo microscópico que resultó ser más fuerte que nadie, pues cuenta con el superpoder de ser invisible al ojo humano y con la capacidad de acabar con la única vida que cuentan en el juego al que llaman “pandemia”. Este enemigo, conocido como Coronavirus, llegó a complicar la situación con pánico, estrés, depresión y ansiedad en medio de un encierro que parece no tener fin y una enfermedad que cambió nuestro estilo de vivir.

Así fue como Carlos perdió a su hijo de tan solo 16 años, quien con una sonrisa y una carta de despedida decidió saltar a un vacío de silencio y oscuridad en medio de una crisis mundial.

UN POEMA QUE ABRIÓ UN CANDADO Y CERRÓ UNA VIDA Era la tercera vez que el señor Carlos entraba a la reunión virtual de La Cajita de Colores, un espacio liderado por el doctor Jorge Gómez Calle tras la iniciativa de la Gobernación de Antioquia, para a personas de Colombia y el mundo a afrontar y a entender el proceso de duelo tras la pérdida de un ser querido en medio de la pandemia por el coronavirus.

La esposa de Carlos había participado desde el primer día que iniciaron las charlas, pero fue en esta ocasión cuando él tomó la palabra y contó su historia.

Aquella noche del 24 de julio del 2020 se encontraba al lado de su mujer y su hija, terminando el rosario por el alma de su hijo de 16 años, quien se había quitado la vida hacía 24 días. Cuando comenzó a recordar la última vez que vio a su hijo, su rostro expresaba dolor. Según él, era un niño ansioso que se vio mucho más afectado por cuestiones de la pandemia y el encierro.

Al ver que su hijo se comportaba un poco extraño, por prevención, Carlos tomó la decisión de cerrar con candado en el lugar donde vivían todas las terrazas, pero el día que esto ocurrió la actitud del joven se mostraba normal. Fueron a hacerle unos exámenes de sangre por la mañana y el resto de la tarde transcurrió como si nada.

—Papi déjame cerrar la terraza —le dijo su hijo—. Confía en mí.

Carlos le dijo que no confiaba y que, por favor, le diera la tranquilidad de hacerlo él mismo para poder leer el poema que su hijo les había hecho sin preocuparse. Al cerrar la terraza se fue a su habitación donde se encontraba ya su esposa y leyeron la primera línea del poema. “Esta es mi carta de suicidio”. Inmediatamente, ambos padres salieron corriendo y se encontraron con su hijo mirándolos desde el vacío de su balcón en la urbanización donde residían en Bogotá. Era una altura de once pisos. Él les sonrió y se lanzó.

La expresión de Carlos manifestaba el dolor y las dudas que sentía, pero, más que todo, una necesidad de ser fuerte por su familia, a pesar de culparse de lo que pasó. Recibieron el apoyo de muchos amigos y conocidos, pero lejos de su familia que vive Venezuela.

Heridas difíciles de sanar El señor Carlos aún no ha podido asimilar todo lo que esta situación entraña. Por esto es necesario entender más a fondo esta situación. El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, en el Boletín de salud mental, afirma que el suicidio se define como la “muerte derivada de la utilización de cualquier método [...] con evidencia, explícita o implícita, de que fue auto-inflingida y con la intención de provocar el propio fallecimiento”; fue entonces cuando Carlos se quebrantó porque su hijo simplemente no aguantó más.


Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas familias en el mundo estuvieron al borde de esta situación, con la diferencia de que aún no han perdido a sus seres queridos. De esta manera, el intento suicida es incluso mayor. Según el Ministerio de Salud, se estima que el “4.9 % de la población en Colombia ha intentado suicidarse en algún momento de su vida y esto consiste en una “conducta potencialmente lesiva autoinflingida y sin resultado fatal”.

Ni los primeros ni los últimos Desde el momento en que nacemos, conocemos la felicidad, el amor, la tristeza, la ira y las situaciones buenas y malas que rodean la vida. Sin embargo, el poder sobrellevar estas situaciones lo aprendemos con el paso de los años, pero llega un punto de debilidad, un punto donde creemos que nada tendrá solución y pensamos en una vida triste y sin razón. Es en este momento cuando una pequeña idea para acabar con el sufrimiento puede ser fatal para los seres que dejamos atrás. Este proceso de aprendizaje existe desde hace muchos años y, por lo tanto, esta problemática no es nueva.

Desde el año 1999, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses comenzó a revelar cifras de los fallecimientos autoinfligidos en Colombia. Hasta ese momento esta problemática no era una prioridad, pero el aumento constante de aquellas personas que un día decidieron desaparecer, con el paso de los años permitió exteriorizar la situación y darle relevancia. La Alcaldía de Medellín afirma que desde el año 2000 hasta el 2006 la tendencia de mortalidad en Colombia por suicidio era descendente, pero en este punto y hasta la actualidad los números muestran un incremento constante de familias que lloran y se preguntan a diario qué hicieron mal.

El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Lesiones de Causa Externa del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia reportó 18.618 suicidios ocurridos desde el 2006 hasta el 2015, en promedio se presentaron 1.862 casos por año.

Los problemas que las personas enfrentan son muchos, todo depende de la calidad de vida, de las oportunidades que recibe, de la felicidad que lo rige y de la fortaleza para enfrentar los malos momentos. Sin embargo, nadie dijo que esto fuera tarea fácil y, al parecer, a los paisas se les complicó más las cosas. En Medellín, el panorama no era nada bueno, desde el año 2000 hasta el 2010 esta ciudad “ha presentado tasas de mortalidad por suicidio superiores que la tasa promedio del país y similares a las de Antioquia, encontrando que el 38 % de los casos de Antioquia los aporta las personas de Medellín”.

Para el 2017, la cifra de suicidios tuvo una reducción de 100 casos, mientras que el intento de suicidio aumentó llegando a 25.835, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE); al parecer, el destino tiene un papel importante en estos casos, a veces ofrece una segunda oportunidad y deja ver la precaria situación que viven muchas personas para tomar una decisión como esta. Según la Alcaldía de Medellín, en esta ciudad “en promedio se presentan 1.100 intentos de suicidio y 120 muertes por esta causa anualmente”.

Para el año 2019, el Instituto Nacional de Salud reportó 30.539 casos de intento de suicidio, lo que demuestra un aumento constante de lo que podríamos llamar un intento de desaparición auto-infligida, es claro que la situación sigue siendo problemática.

Una enfermedad silenciosa, sin preferencias De todos los problemas que en la vida debemos afrontar, hay unos que representan un dolor más fuerte para el corazón, un dolor que parece no tener un fin, un dolor que lleva a tomar una decisión como el suicidio. El Ministerio de Salud y Protección Social asegura que los intentos de suicidio presentados en el año 2017 fueron resultados de situaciones como conflictos amorosos, problemas económicos, problemas escolares y maltrato físico, psicológico o sexual respectivamente. Enfrentar estas situaciones no solo altera los sentimientos sino también la salud, aquella que no se trata con inyecciones u hospitalizaciones, aquella que se deteriora y genera trastornos psiquiátricos como el depresivo y el abuso del consumo de sustancias psicoactivas que aceleran el pensar en la opción del suicidio.

Ante la pregunta: ¿quiénes sufren más de este mal silencioso? Se debe decir que el suicidio afecta a toda la población, sin embargo, la población más vulnerable, según un informe de la Alcaldía de Medellín, es la de los hombres, pues tienen el número más alto de suicidios en el país e incluso en Antioquia y Medellín. Pese a esto, las mujeres también se ven afectadas con esta situación siendo las que más intentos de suicidio han cometido, abarcando más del 50 % de las cifras anuales. La OMS afirma que “la frecuencia del intento de suicidio es 20 veces mayor que la del suicidio consumado” y el grupo de edad más afectado va desde los 15 hasta los 34 años.

Se sabe que en Colombia “las personas que padecen trastornos mentales y del comportamiento y aquellas que tienen trastornos por consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, tienen mayor probabilidad de presentar conducta suicida, al igual que quienes han tenido eventos críticos en su vida, como pérdidas de un ser querido, del empleo, han tenido experiencias relacionadas con conflictos, “peleas con los padres, separación, rompimiento con la pareja, cambio de vivienda”, madre con trastornos mentales, historia familiar de suicidios, maltrato, desastres, violencia y abuso sexual; personas con factores genéticos o biológicos que se asocian con mayor frecuencia del evento; entre otros”.

Una batalla invisible En diciembre de 2019 llegó un enemigo más a esta situación. Para el 11 de marzo de 2020, el brote pandémico ya había llegado a 100 países en todo el mundo. Fue así como se comenzó a vivir una situación que muchas generaciones jamás se hubieran imaginado, desde entonces se declaró como pandemia. En Colombia, el mayor miedo llegó el 6 de marzo de 2020 con el primer caso confirmado con la enfermedad y para el 25 de este mismo mes el Gobierno Nacional decretó cuarentena obligatoria para evitar que la propagación aumentara. Los riesgos para la salud mental que ya venían haciendo mella aumentaron con el encierro.

Jeff Huarcaya-Victoria, en su texto Consideraciones sobre la salud mental en la pandemia de Covid-19, asegura que las emociones negativas, como la ansiedad y la depresión, se incrementaron con la situación. La desinformación, los mitos, el distanciamiento entre las personas por la cuarentena, entre otras cosas, incrementaron el deterioro en la salud mental de las personas, generando problemas psicológicos y mentales.


Como con todas las situaciones difíciles de la vida, hay una que predomina más que otras y Huarcaya define cuáles son las principales afecciones mentales que presentan los individuos en medio de la pandemia. En primera instancia, asegura este experto, la ansiedad no se hace esperar, esta “ocurre cuando algunos cambios o sensaciones corporales son interpretados como síntomas de alguna enfermedad”. El enemigo de esta historia, más conocido como la Covid-19, generó miedo en las personas pues todos los días aumentaban los números de fallecidos por la enfermedad, lo que dio paso a esta condición. Esta sensación que daña los sentimientos positivos, que los satura y que llena de tristeza el corazón influye negativamente en la capacidad para tomar decisiones y en el comportamiento de las personas.

Por otro lado, está la depresión que se relaciona con situaciones como la pérdida de algún ser querido por la Covid-19, con problemas de salud, con el diagnóstico de personas cercanas y con el impedimento de relacionarse socialmente por la cuarentena.


Las reacciones de estrés son otro factor que influye en el deterioro de la salud mental en medio de la pandemia. Un estudio realizado en China en 52.730 personas reveló que esta condición se presentaba más entre los rangos de edad de 18 a 30 años, por el acceso a la información suministrada por las redes sociales, y las personas mayores de 60 años al ser los más afectados con la Covid-19.

Así mismo, hay que resaltar también que ciertas felicidades de la vida contribuyen a disminuir el riesgo de padecer aquellas enfermedades silenciosas que pueden terminar en un suicidio. Para Huarcaya, “el vivir en un área urbana, tener estabilidad económica familiar y vivir con los padres fueron factores protectores frente a la ansiedad. No obstante, el tener un conocido diagnosticado con la Covid-19 empeora los niveles de ansiedad”.

Los héroes también lloran mientras salvan vidas ¿Quién ayuda a quienes nos ayudan? ¿Quién ayuda al personal de salud que se encuentra expuesto al virus y son quienes mejor conocen la delicadeza del contagio? Teniendo en cuenta el aumento del estrés laboral, el miedo a las circunstancias, el poco sueño, entre otros factores, la salud mental de tantos médicos, auxiliares y enfermeras se ha venido deteriorado.

Lina María Álvarez, psicóloga especialista en seguridad laboral de SURA, comenzó, desde el mes de abril, un acompañamiento a nivel nacional de teleconsultas para las personas que se han visto afectadas por la Covid-19; esto con el fin de ayudarlos a manejar la angustia, el temor, la ansiedad e incluso la depresión. Con un promedio entre ocho a once consultas diarias, como balance: la mayoría de los pacientes dieron positivo a la prueba y tuvieron que aislarse indefinidamente.

Tras el inicio del confinamiento obligatorio en el mes de marzo, los casos positivos de Covid-19 fueron aumentando en varias regiones del país, obligando al gobierno nacional y local a tomar medidas y precauciones para evitar que la población se contagiará y se generará una cadena de pacientes esperando una cama en las UCI, las cuales son limitadas, y, así mismo, a crear conciencia sobre la responsabilidad social que se tiene como individuo en la comunidad ya que el enemigo es invisible y se mueve además de rápido con facilidad.


Más de 18 horas extras de trabajo, la angustia de saber que están constantemente expuestos al virus, conocer la complejidad de este, saber las dificultades por las que pasan muchos de los pacientes, más la angustia de estos y sus familiares, conforman un escenario que ha superado la ficción.

Para salvaguardar la salud mental del personal de salud, entidades como SURA han tomado la iniciativa de crear una red de apoyo telefónica con especialista en psicología y psiquiatría para apoyar, escuchar y fortalecer, desde el distanciamiento social, las necesidades emocionales que presentan los médicos, enfermeras y auxiliares del sistema de salud a nivel nacional.

Fue desde el 26 de marzo del año 2020 que la psicóloga Lina María Álvarez inició el acompañamiento en salud mental por teleconsulta a las personas que se habían visto afectadas por el encierro en la cuarenta, también quienes dieron positivo para coronavirus y al personal de salud.

—Este proceso ha sido de muchos retos y desafíos, porque es entrar en realidades muy complejas. Finalmente, uno ve una parte de su vida reflejada en el otro, al compartir experiencias que de alguna forma tocan las emociones de uno y lo impactan —explica Álvarez.

Así mismo, para ella fue un proceso de aprendizaje y para sus colegas debido a las circunstancias dadas por la cuarentena y las medidas de distanciamiento ya que debían prepararse para los casos más crudos, difíciles o extremos. La contención de comportamientos depresivos, ansiosos, maníacos, ataques de ira y desesperación o posibles intentos de suicidio o violencia fueron los más comunes. Aunque estos dos últimos se han presentado con poca frecuencia, cuando aparecen, se ha involucrado a las autoridades pertinentes y se ha intervenido bajo los protocolos del Ministerio de Salud y Protección Social y los lineamientos de la administración local.

En las consultas diarias la mayoría de estas llamadas pertenecen al personal de salud de cualquier ciudad del país que, por motivos de contagio o estrés, necesitan acompañamiento en salud mental. Para esta psicóloga, atender a esta población ha sido todo un reto debido a que son personas con mucha carga emocional y laboral, y que se sabe de antemano lo expuestos y vulnerables que están ante circunstancias difíciles, como la de la pandemia.


Por otra parte, muchos centros no cuentan con el equipo de atención necesario para recibir a los pacientes y ayudarlos debidamente, lo que genera una sensación de impotencia y estrés sobre los médicos.

Otra situación que genera miedo en el personal médico es que no todos han recibido los elementos de protección para evitar contagiarse. Se sabe que están en riesgo debido a que tienen contacto directo y constante con personas que poseen el virus, pero, aun así, se espera que por parte del centro de salud y las ARL se les brinde el equipo idóneo para la realización de su labor sin ningún riesgo. La psicóloga Álvarez cuenta que cuando ha atendido a médicos que han sido contagiados por el coronavirus, “ellos mismo me han manifestado el miedo que sienten por la enfermedad, porque de alguna forma son muy conscientes del riesgo de los síntomas. Ellos necesitan ser escuchados, porque cargan y guardan muchas cosas que poco a poco se les van sumando hasta que colapsan. Como todos, ellos lloran y sienten que a veces no pueden más”.

Entre cardiólogos, anestesiólogos, internistas, enfermeras, personal administrativo, auxiliares, entre otros, se han enfrentado directamente contra un enemigo invisible. El salvar vidas y cuidar de los enfermos dentro de esta pandemia los ha llevado al rechazo y a la discriminación por parte de muchas personas que, por miedo, ignorancia, desespero o desconocimiento, reaccionan de forma impulsiva y hasta violenta. Incluso en el lugar en donde viven, muchos de ellos han sido vulnerados por sus propios vecinos.

—Cuando el médico cucuteño Roberto Claro falleció por Covid-19, al día siguiente atendí a una pareja de médicos, ambos contagiados, que fueron cercanos a él. La esposa me dijo que lloró bastante y que aún no podía creerlo. Era uno de los mejores médicos del país. Es duro para ellos, porque saben que están en riesgo constante y que, fácilmente, al siguiente puede ser uno de ellos” —agregó Lina María Álvarez.

El objetivo de la línea en salud mental de SURA es brindar equilibrio, ser compañía y apoyo para quienes más lo necesitan en medio de la pandemia, sea por cuestiones de contagio, personales, soledad, entre otras circunstancias que pueden afectar o alterar las emociones de las personas.

Cabe resaltar que, según los boletines brindados por el Ministerio de Salud y Protección Social, a los profesionales de la línea de SURA, el cuidado de las emociones y sus manifestaciones han pasado a ser un tema de atención prioritaria en medio de la pandemia, debido a todas las medidas que se han tomado que han

transformado las dinámicas personales y sociales. Por esto, las campañas a nivel nacional y local sobre el cuidado de la salud mental han aumentado.

La inteligencia emocional y el control de los impulsos en tiempos de crisis son clave para la supervivencia y la plenitud del ser humano en medio de las dificultades ya que las repercusiones no son netamente mentales, sino que también se pueden dar manifestaciones físicas o somatizaciones que limiten la realización de la persona en sus ambientes y espacios.

Para algunos, el golpe es más fuerte Cuando el ser humano enfrenta circunstancias o eventos amenazantes que ponen a prueba la forma en la que afronta o ve la realidad, desde lo emocional se puede experimentar una sensación de crisis y alteración, debido a que es algo que se sale del control propio e incluso es difícil de comprender porque le da un giro de 180 grados a la vida y las dinámicas de las personas.

Según una comunicación del Ministerio de Salud y Protección Social, con la llegada de la Covid-19 en el 2020, un mar de emociones sacudió a la población, retándola a enfrentarse a una realidad difícil y casi ficticia para la que nadie estaba preparado. Estos cambios, que de alguna forma han sido inmediatos y radicales, han generado múltiples reacciones en las personas, llevándolas a estados de alteración emocional, perturbación, sensaciones de cansancio, agotamiento, desamparo, confusión, ansiedad, afección del funcionamiento de sus relaciones laborales, familiares y sociales, y síntomas físicos asociados al síndrome ansioso y depresivo generado.

La intensidad varía dependiendo del individuo, desde el impacto hasta los trastornos mentales previos que potencializan o no la emoción. Puede llegar a ser crítico cuando la persona pone en riesgo su vida acudiendo al suicidio y al amenazar la integridad de los demás. Según los datos brindados por el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública - SIVIGILA (Vigilancia rutinaria histórica 2007-2019 y Boletines Epidemiológicos Semanales de 2020), en la semana epidemiológica 8 a la 16, se presentaron un total de 8.431 casos los casos de intento de suicidio en el 2020; una disminución en comparación con el 2019, año en el que durante las mismas semanas se presentaron un total de 9.013 casos en el país.

No todos los casos quedan en la intención o el intento fallido de hacerse daño. Las muertes por suicidio registradas en el Sistema Integrado de Información de la Protección Social-SISPRO indican que para el 2019, entre enero y abril, fueron 909 personas las que perdieron la vida bajo esta condición, cifra mayor en comparación con el 2020, en los mismos meses, con 798 fallecidos. No obstante, la llegada y la influencia del coronavirus al país ha encendido las alarmas para el desarrollo de acciones que ayuden a la prevención de la conducta suicida en medio de la cuarentena, generando estrategias que fortalezcan la salud mental de las personas frente a los cambios en las dinámicas sociales e individuales.


Importancia a lo importante Los trastornos mentales han sido catalogados con el pasar de los años de diferentes maneras, han sido llamados posesión, brujería, actuación, locura, entre otros calificativos. La invisibilidad de los síntomas los ha llevado al olvido en muchas sociedades y épocas, debido a que como no hay una manifestación física directa es poca la credibilidad que ha recibido, y mucho menos la atención y la importancia.

Lenta y progresivamente, los estudios sobre estas temáticas han aumentado, otorgándoles una posición en las ciencias de la salud y en la conciencia de la población. Pero, a pesar de que se ha avanzado bastante en comparación con la antigüedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha presentado un problema crónico, incluso desde antes de la llegada de la Covid-19, en la financiación que los países han realizado a las entidades y programas de salud mental. Menos del 2 % del presupuesto nacional de 130 naciones se ha destinado a esta causa tras el estudio que realizaron.

Debido al contagio por coronavirus se pueden presentar también complicaciones neurológicas y mentales que pueden ser delicadas para el paciente, entre estas está el delirio, accidentes cerebrovasculares y agitación, según la Organización Mundial de la Salud.

“Una buena salud mental es absolutamente fundamental para la salud y el bienestar en general”, así lo manifestó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Y es que, la sintomatología de los trastornos mentales no es invisible, ya que las repercusiones de un desorden mental, sin la atención y los cuidados adecuados, puede manifestarse a partir de somatizaciones físicas que pueden causar dolor y malestar constante en el cuerpo.

Los centros y los servicios de atención a la salud mental se vieron fuertemente afectados por la crisis actual, ya que, si antes de todo esto no tenían los medios o los recursos financieros y estructurales suficientes para atender debidamente a la población, tras la llegada de la Covid-19, el colapso de atención fue mayor. Según el estudio de la OMS en los 130 países se pudo evidenciar que más del 60 % de los países señaló perturbaciones de los servicios de salud mental destinados a las personas vulnerables. Además, más de un tercio señaló perturbaciones en las intervenciones de emergencia, incluidas las destinadas a personas afectadas por convulsiones prolongadas y síndromes de abstinencia severos relacionados con el consumo de drogas y estados delirantes, "que con frecuencia son la señal de graves trastornos médicos subyacentes” dice el estudio.

Se han tomado diversas alternativas para sobrellevar las problemáticas en la atención en tiempos de pandemia, las teleconsultas han sido una opción determinante para varios países, de tal forma que no se arriesgue la salud física tanto del paciente como la del profesional. Además, teniendo en cuenta las medidas de bioseguridad establecidas en cada territorio y el distanciamiento social, muchas instituciones han considerado la atención por llamada, la solución más sensata.


Por otra parte, Colombia es uno de los países que ha implementado la teleconsulta, un servicio de telemedicina como medida de intervención. En el caso de la ciudad de Medellín, hace poco se presentó una estrategia por parte del Metro en alianza con Alcaldía de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá debido a que el bienestar emocional de las personas se vio directamente afectado tras la llegada del coronavirus. Bajo estas circunstancias y en conmemoración del mes del cuidado y la prevención de la salud mental, crearon un espacio en la estación San Antonio llamado El Escuchadero, cuya finalidad es que las personas que hacen uso de este medio de transporte, se acerquen voluntariamente si desean ser escuchados.

Una luz al final del túnel Hay un inicio y un final en la historia de cada persona, uno que para aquellos que creen en el destino está predeterminado. Pero hay quienes retan esta ley y buscan adelantar, bajo sus propios medios, procesos como el de la muerte para acabar con dolores que no les permite, según ellos, vivir con plenitud. Según el psicólogo antioqueño Jaime Carmona Parra, en uno de sus trabajos para la Universidad Luis Amigó, afirma que “concebir la subjetividad humana como una estructura de auto-interacciones permite entender que en su interior puedan presentarse conflictos, incluso auténticas batallas interiores, que pueden implicar gastos enormes de energía y derivar en patologías graves y, por supuesto, en suicidios. La capacidad de conciliar y facilitar la coexistencia más o menos armónica y pacífica entre las diferentes personalidades es un indicador de salud mental”.

Entender el comportamiento humano es todo un reto, pero lentamente se han logrado avances que le permiten a los especialistas, acercarse a la realidad de muchos individuos que pasan por situaciones conflictivas, pero sobre todo cómo y mediante cuáles estrategias mitigar el riesgo del suicidio y mucho más ahora en tiempos de pandemia.


Tras la llegada de la Covid-19, el Ministerio de Salud y Protección Social estableció una serie de lineamientos para salvaguardar la salud mental de la población en medio de la crisis. Teniendo en cuenta que, las realidades son diferentes en cada departamento, ciudad, sector y comunidad, el Gobierno Nacional, permitió que cada administración local, siguiendo los protocolos generales, adoptará las medidas de prevención de acuerdo a las necesidades de las personas. Con respecto a las medidas para la prevención del suicidio, se realizó de la misma manera.

Según la Resolución 518 de 2015, del Ministerio de Salud y Protección Social, de la mano de las autoridades y las instituciones gubernamentales, por medio de procesos de vigilancia en la salud pública, coordinación intersectorial, desarrollo de capacidades y participación social se busca la identificación temprana y el cómo abordar a las personas que están en riesgo de cometer suicidio. Así mismo, cómo será el proceso de ayuda y rehabilitación para la persona, y el de educación, comunicación e información de la comunidad frente a esta situación.

Teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad, se espera que de la mano de el Plan de Beneficios en Salud (PBS) de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y de las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS), se fortalezca el acompañamiento en las comunidades y que estas mismas estén preparadas dentro de sus servicios para valorar las conductas riesgosas, incluyendo el suicidio. La idea con esto es que por medio de educación constante y los programas de prevención, mejore la calidad de vida de las personas. Pero aún... Tristemente, aunque se han presentado estrategias para mitigar el impacto de pandemia en la salud mental de las personas y de alguna forma evitar el suicidio, la situación actual también es desalentadora, incluso desde el mismo distanciamiento, por la soledad que se puede sentir. Así mismo, las garantías económicas, laborales, en salud, seguridad, entre otras, para sobrellevar la crisis por parte de algunas instituciones y el Gobierno Nacional no son suficientes, y la calidad de vida de las personas se ha visto afectada. Por otra parte, las camas de las unidades hospitalarias fueron adoptadas solo para pacientes Covid, muchas personas que buscaban ayuda inmediata por alteraciones emocionales severas en urgencias, tuvieron que recurrir a la teleconsulta y con un apoyo familiar, mas no profesional, para manejar la crisis directamente.

También la red de apoyo con la que cuente una persona puede ser un factor de riesgo o un factor protector.Llo cierto es que no contar con el apoyo de alguien puede ser fatal. Si ese círculo cercano es uno de los generadores de crisis, la persona, abrumada, en medio de la desesperación y la emoción, puede entrar en un estado de riesgo. Si la red de apoyo es una compañía constante, de ánimo y de escucha, el impacto en la persona es positivo.

La salud mental es clave para que el ser humano se desarrolle plenamente en la sociedad y como persona. Permite la sostenibilidad y el equilibro en todos los ámbitos que se le presenten, incluso, como ya se mencionó, es crucial para el bienestar de la salud física. Lo que pasó de ser un tabú años atrás, se ha convertido en un arma clave para el funcionamiento del mundo. Por ello, es necesario cuidar de esta bajo la supervisión adecuada, ya que, de no ser así, las repercusiones y consecuencias son varias, algunas permanentes e incluso fatales.


Es posible prevenir el suicidio si se dejan de lado los mitos, si se educa a la sociedad desde la empatía, el respeto y la responsabilidad social. El suicida pide ayuda en silencio, es responsabilidad de todos detectar tempranamente esos gritos y, ahora, en pandemia, mucho más.

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Trabajo realizado para el curso Periodismo V, orientado por la profesora Jazmín Santa Álvarez.


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