Mía, la drag que trepa Medellín
- Estefanía Pérez Botero /
- 23 jul 2020
- 5 Min. de lectura
Son las diez y media de la noche y Stiven Ortiz sale por la puerta de Oráculo para que podamos entrar a acompañarlo en su proceso de transformación, de cómo se ve y cómo se siente. Esta noche el chico flaco de veinte años será de nuevo Mía Moon, se vestirá con su mejor ropa, bailará en el escenario en frente de un público que asistirá para verla y hará lipsync (fonomímica) creando un espectáculo en el que incluso tiene bailarines a su disposición para acompañarla.

Entre dos y tres horas toma todo el proceso de transformación para convertirse en Mía. Foto: Julián Sierra.
Cuando se viste con prendas femeninas y se maquilla, algunos podrían creer que es un travesti, es decir, una persona que, no conforme con el sexo con el que nació, tomó la decisión de asumir su vida construyendo una identidad femenina: otros pueden pensar que solo es un transformista que intenta imitar la apariencia femenina, pero no. Stiven se convierte en Mía, una drag queen perteneciente a un grupo que realiza una especie de sátira o parodia de los planteamientos de la sociedad tradicional mediante la exageración de características asignadas al género femenino, según como lo define Collins.
Según Shane Vogel, profesor estadounidense, esta práctica surgió en el siglo XIX en el Reino Unido como una proyección cómica de las nociones sociales sobre los roles de género, el comportamiento social y la organización política. En Colombia, el fenómeno drag queen comenzó en Bogotá alrededor de 1997 y apareció en Medellín en 1998, datos que no son fácilmente contrastados porque no hay una mención específica a esta manifestación sino que hay historias como la que cuenta Fernando Vallejo en El fuego secreto, con cantinas de las afueras de Medellín durante los años sesenta, en las que había hombres que se vestían de mujeres para bailar y cantar.
El camerino, que está ubicado en el segundo piso, y se encuentra cuando se abandonan las luces rosadas que te cobijan en el primer piso, tiene un espejo grandísimo que va de pared a pared y es perfecto para que, cuando hay varias personas arreglándose, todas se puedan ver. Debajo de este hay un tocador lleno de artículos para maquillarse que parecen componer una multitud de brochas, sombras, polvos, iluminadores y delineadores. Stiven se sienta en una de las sillas que está al lado del tocador y comienza a hablar sobre su nacimiento como drag queen mientras su amigo Andrés o Sylvanna le echa una crema hidratante para empezar su transformación..
La primera vez que Stiven vio una drag fue hace aproximadamente ocho años, cuando estaba pasando los canales de la televisión y vio un lipsync de Shangela contra Sahara y quedó ‘’matado’’. Y aunque no siempre fue fanático del célebre programa de televisión RuPaul’s Drag Race, con el tiempo le fue cogiendo cariño a lo que veía, cariño que se consolidó cuando conoció a un amigo que hacía drag y lo que le dio fuerzas para comenzar a hacerlo él. En este grupo, como en cualquier pequeña población, es importante la unión para poder reclamar un lugar en una sociedad que tiende a apartarlos, así mismo, afirma que sin ayuda quizás seguiría ocurriendo lo que le pasó la primera vez que se trepó — como se le llama al acto de ponerse unos tacones, vestirse, maquillarse y actuar como drag— el 4 de agosto de 2018, ocasión en la que quedó ‘’muy fea, muy macabra’’, porque no tenía a nadie que le enseñara a hacerlo.
Esta unión permite que se hagan más que shows y que se trabaje para algo más que los números mostrados, como es el caso del primer colectivo al que perteneció Mía, New Queers on the Block, en el que hizo activismo por un tiempo, hasta que se salió por sentir que ya ese no era su lugar. Pero esto no significa que rechace los grupos, actualmente pertenece a La casa de los cielos, un conjunto de amigos que, en sus palabras: ‘’hacemos drag y nos lo tomamos por diversión, no por trabajo ni nada. Cuando queremos nos montamos y hacemos eventos y entre nosotros nos apoyamos’’.
La cara, después de capas de crema hidratante, base de maquillaje, polvos y sombras que además de hacer resaltar los ojos dibujan unas cejas en la mitad de la frente, empieza a combinar con su voz tímida con la que hace énfasis en sus palabras cuando dice un "pues", pero que no cambia de tono cuando dice que estudia Licenciatura en Lenguas Extranjeras en la ‘’Amigay’’, refiriéndose al nombre de su universidad, o cuando suelta risas al explicar que siempre quiso llamarse Mía pero que el apellido surgió una vez que estaba con un amigo y este le dijo que su apellido tenía que ser algo con el cielo, así que tomó a la luna de ese día como la manera en la que la identificarían de allí en adelante.
La conversación en el camerino, entre la búsqueda de un labial o peinar la peluca rubia para la función, se va haciendo más y más precisa porque el reloj ya indica que se hace tarde para salir caracterizada como una versión de la cantante Lana del Rey, con un traje verde que tiene una onda de los años sesenta, década que parece complementarse con las canciones, cabello, pestañas y rostro melancólico de la cantante. Al tener la peluca pegada correctamente, el maquillaje impecable, los tacones bien puestos y el vestuario debidamente acomodado, Stiven deja de ser ese chico de labios pronunciados, sonrisa amplia y cejas pobladas para volver a meterse en el cuerpo de Mía, una drag queen que, mientras se mira al espejo para asegurarse de que todo está perfecto, deslumbra en medio de trajes, sombreros, fotos y gafas del camerino.

<< Stiven Ortiz lleva poco más de un año en el mundo drag y hoy también responde al nombre de Mía. Foto: Julián Sierra
Al bajar nos sentamos en una de las mesas del bar, ubicada en el balcón que brinda una posición estratégica para ver la tarima en la que se realizan los shows. El pop nos comienza a hacer compañía y cada vez entra más gente que se ubica en la pista de baile para estar más a gusto cuando suene Póker Face de Lady Gaga y así poder hacer los movimientos de mano que van con ella. Y cuando ya todos están ansiosos, llega la hora. A la una y media de la madrugada Mía no se hace esperar más.
El ambiente se impregna del sonido de la canción National Anthem con una base de música electrónica, mientras los tacones de punta de ella tocan firmemente el suelo de las escalas que baja, y los gritos de la gente diciendo su nombre se combinan con su expresión corporal que muestra la elegancia que ella dice que siempre desea alcanzar y su cuerpo mismo empieza a ser parte de la alta costura que tanto le gusta.
Mía, tiene referentes claros como Ms. Fame y Aquaria, reconocidas drag queens que participaron en RuPaul’s Drag Race, sin embargo está consciente de que estas son diferentes a Mía, por lo que, más que querer imitar el estilo de otra artista, se inspira a través de las prendas de vestir, el maquillaje o la peluca, elementos que crean el personaje que ella quiere ser dependiendo del concepto que desea mostrar en cada show.

Una semana y media es el tiempo que se toma Mía para ensayar cada uno de sus shows. Foto: Julián Sierra >>
Al verla en su hábitat natural y bajo la aceptación de la gente, es más fácil comprender por qué Stiven horas atrás hablaba de un boom del Drag en Medellín, que, según dijo pasará y pondrá a prueba esta práctica cuando "ya no haya muchos lugares donde te contraten". Al respecto, Mía dice que es muy llevada de su parecer y que si para ella fuera una moda, ya se hubiera retirado. Su respiración agitada, su boca abierta pidiendo oxígeno y sus ojos que brillan al final de la canción confirman que sí, que ella está para quedarse.
Paso a paso, la transformación de Stiven en Mía:
Fotos de Julián Sierra Gutiérrez
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