Por el paro, Medellín se está moviendo

La jornada de noviembre 21 de 2019 será recordada por la convocatoria y las formas de la protesta. Muchas voces la equiparaban al paro cívico en 1977 durante el gobierno de Alfonso López Michelsen. Al cierre de esta publicación, son muchos los efectos de las marchas, los hechos relacionados y los puntos de análisis para comprender qué sucedió y cuál es el horizonte que se traza.


Probablemente muchos de los principales promotores de las movilizaciones del 21 de noviembre no vivieron antes una expectativa semejante a la que se vivió previo a las marchas ciudadanas que sumaron causas y reclamos para expresar su insatisfacción con el gobierno de Iván Duque Márquez.


En Medellín, la convocatoria fue a primera hora de la mañana desde diferentes puntos al noroccidente, norte, suroriente de la ciudad; con las universidades como principal punto de referencia y convocatoria, pues han sido los estudiantes los protagonistas de las más recientes movilizaciones, en su propósito de exigir al Gobierno Nacional los acuerdos suscritos para la financiación de la educación superior pública.


En las universidades conocemos las dificultades que a veces tiene convocar una clase a las seis de la mañana, pero muchos de los marchantes ya estaban en sus puntos de convocatoria a las cinco y es tal vez este el primero de muchos detalles inesperados en las marchas ocurridas en Medellín.


La sensación de temor resultaba comprensible, luego de una inusual movilización de efectivos del Ejército y de la Policía con refuerzos llegados desde Bogotá durante los días previos, así como el ruido generado por allanamientos y otras acciones de la Policía, algunas contra medios independientes y universitarios, que merecieron pronunciamientos de la Fundación para la Libertad de Prensa y la Red Colombiana de Periodismo Universitario.


Se sumaron motivos: iniciativas de ley que han sido consideradas lesivas de los intereses ciudadanos, la persistencia de la violencia mortal contra líderes sociales y comunidades indígenas, los desaciertos que condujeron a la renuncia del Ministro de Defensa y a la fecha tienen en duda la continuidad del Embajador ante los Estados Unidos, los cambios en una regulación para la comercialización de partes de tiburón e incluso los gestos del presidente Duque por mostrarse como un mandatario cercano (como la respuesta a una pregunta sobre los hechos que comprometían la gestión del ministro Botero), que han sido interpretados más como expresiones de indolencia o desconexión con las prioridades del país.


La amplitud de la convocatoria, que incluso logró que las barras populares de los dos principales equipos de la ciudad marcharan y arengaran a una voz, también buscó sacudir la indiferencia ciudadana frente a los asuntos que fundamentan el descontento y hacer máximos esfuerzos por evitar expresiones de violencia que han puesto en entredicho las marchas de meses anteriores.


El papel de los jóvenes fue notorio en este aspecto: para lograr acciones efectivas que impidieron algunos gestos de daños en bienes públicos y privados durante las caminatas y en los días previos, como ocurrió en la Universidad de Antioquia; para sumarle incluso una mayor carga simbólica a la protesta, con el humor, la música y diversas expresiones artísticas.



Vale la pena valorar como todos estos elementos que representan la confluencia de nuevas visiones de país en definitiva, se convierten en un modo de hacer permanentemente la resistencia y la movilización.


Los jóvenes de hoy han sido testigos de cambios históricos, muchos de ellos asociados a la negociación con grupos armados, que desde diversas orillas ideológicas acudieron a las armas como vehículo de expresión. Es lógico entonces el hastío que manifiestan no solo frente al uso de la violencia, sino al hecho de que, en nombre de la lucha contra ese accionar, se tomen decisiones que comprometen sus garantías y el acceso a servicios como la educación especialmente.


Fue la sensación durante las marchas en Medellín, donde hubo gran expectativa por lo que pudiera pasar con bienes públicos como el metro de la ciudad, luego de que, también en días previos, circularan todo tipo de rumores y mensajes intimidantes que hablaban de atentados y posible desabastecimiento.


De allí la nutrida presencia no solo de efectivos policiales, sino también de defensores de derechos humanos, en su mayoría adscritos a la Personería de Medellín, vestidos con chalecos azules acompañando las marchas, además de la presencia ya habitual del helicóptero de la Policía Nacional que patrulla durante cada evento masivo en la ciudad.


Entre los aspectos que merecen un análisis más detenido de lo ocurrido durante la jornada de protestas, está la forma en que terminaron confluyendo tantas causas, tantos intereses y tantas visiones tan distintas del país, representado en hechos como la concurrencia del máximo líder del partido FARC, Rodrigo Londoño, a la caminata por las calles de Medellín, un hecho impensable hasta hace un tiempo; o en el uso para la protesta de íconos que suscitan polémica, como la figura del Guasón, sujeto a diversas interpretaciones.


¿Quiénes se manifestaron durante el día? ¿Quiénes aparecieron posteriormente durante los disturbios en la noche? Es parte de los balances a que están llamados los promotores del paro y los diferentes sectores políticos, incluso los que no respaldaron la movilización, para comprender qué retos enfrentan.



Si en las movilizaciones del llamado 21N confluyeron voluntades tan diversas, es consecuente que hayan tenido un desarrollo igualmente distinto, según el contexto de cada territorio, que tiene sus explicaciones particulares, que incluyen el paso de las organizaciones sociales, hasta los factores delincuenciales que buscaron sacar provecho de las situaciones, a juzgar por situaciones como las ocurridas en Cali o Facatativá, que pusieron en riesgo la vida y los bienes de la sociedad civil.


Corresponde no solo al gobierno comprender que la respuesta frente al paro no se circunscribe al desarrollo de las marchas; es deber del Estado en su conjunto, incluyendo instituciones como los partidos, asumir los compromisos frente a la agenda formulada por la ciudadanía como asuntos perentorios. Toca a la ciudadanía hacer seguimiento a esa respuesta y por eso las lecturas de algunos ciudadanos conectaban esa tarea con el significado de los resultados en las últimas eleciones locales para Medellín.


En la capital de Antioquia, donde el debate político se había acostumbrado a un clima de polarización, la respuesta de la ciudadanía fue positiva no solo para marchar, sino para valorar el hecho de las cerca de 96 mil personas que salieron a las calles de Medellín (aunque las versiones de la Alcaldía daban una cifra muy inferior de 25 mil). No solo había respaldo a la agenda de la protesta, sino al predominio de las formas constructivas de la misma, que consolida el rechazo a la violencia como vehículo del reclamo.



El viernes 22 de noviembre, la Personería de Medellín proclamó un triunfo para la ciudadanía ante lo que consideró un balance positivo para el derecho a la protesta, un uso proporcionado de la fuerza por parte de las autoridades, a pesar de los acontecimientos ocurridos en la Universidad de Antioquia, que condujeron a la retención de manifestantes y daños en las instalaciones y bienes públicos en los alrededores, una vez finalizadas las marchas.


Los hechos de violencia en otras ciudades mantienen sobre la mesa los cuestionamientos sobre la postura del Gobierno frente a la protesta social, que ya había sido asunto del primer año de la presidencia de Duque, con la propuesta de establecer protocolos para la misma. Sectores de la ciudadanía poco habituados a estas movilizaciones parecen reconectarse con estas formas de expresión, incluso como oposición a las manifestaciones violentas, como se pudo comprobar en horas de la noche del 21 de noviembre, con el "cacerolazo" que sonó en diferentes sectores de la ciudad, incluso algunos de clase media y alta, que el imaginario político perfila como favorables al Gobierno y su partido.


Tan importantes como las marchas es lo que sigue a ellas. La alocución presidencial al cierre de la jornada condenó los métodos violentos de los protestantes y planteó la disposición al diálogo social, pero sectores promotores del paro siguen reclamando respuestas concretas a la agenda que motiva la protesta y tiene en franco deterioro la imagen del Presidente de la República.

Llegó el día después y hay expectativa por las decisiones de gobierno en torno a las voluntades expresadas de diálogo. La Policía Nacional anuncia investigaciones a partir de evidencias recogidas en contra de protagonistas de actos vandálicos y agresiones. La Procuraduría General de la Nación investiga casos de abuso policial reportados ampliamente por las redes sociales, que nuevamente jugaron un papel relevante durante la jornada (un asunto del cual los medios estamos tomando nota).


Entre tanto, para la tarde del viernes 22, se ha convocado un nuevo cacerolazo en Medellín y la propuesta habla del Parque de El Poblado, con la idea de llevar la protesta a otros escenarios. Otro indicio de que Medellín se está moviendo ante el paro. Noticias en desarrollo...


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