Los ojos que registran el Paro Nacional

Cristian David Gutiérrez Martínez / cristian.gutierrez@upb.edu.co


Desde el 28 de abril, decenas de fotógrafos han salido a las calles para registrar los hechos que se desarrollan en el marco del Paro Nacional, sus registros fotográficos son elementos fundamentales para entender el ambiente caótico que vivimos. ¿Cuál es el papel del fotoperiodismo en las protestas? ¿Qué anima a los fotógrafos a realizar su labor? ¿Qué problemáticas enfrentan los fotoperiodistas por estos días?

Cuando el ambiente en las calles es tenso y las noticias falsas abundan en las redes, los registros fotográficos se hacen claves para entender lo que ocurre. Desde el 28 de abril, las protestas contra decisiones gubernamentales han generado choques con fuerzas del Estado y otros grupos, que derivaron en caos y desinformación. Con el ánimo de mostrar en detalle lo que ocurre, decenas de personas se vuelcan a las calles con cámaras, la mayoría de las cuales cabe en los bolsillo de quienes asumen el papel de periodistas.


El fotoperiodismo surgió en 1880, cuando el Daily Graphic de Nueva York comenzó a utilizar fotografías en el periódico. Desde entonces, la imagen se ha convertido en un elemento fundamental para entender los hechos que se presentan, al punto que hoy se pueden encontrar reportajes conformados enteramente por imágenes, casi sin necesidad de palabras para ilustrar la realidad.


En la necesidad de relatar los hechos con la contundencia y elocuencia de una imagen, han surgido propuestas como la de la Agencia Colectiva Amalias, un grupo de mujeres de distintas ciudades que a través de la fotografía, pretende reclamar espacios comúnmente masculinos y a su vez contar la realidad social del país a través de sus registros. “Tres Ojos”, como se hace llamar para proteger su identidad, es una de las mujeres pertenecientes a este colectivo. “El tercer ojo es el ojo de la conciencia”, dice ella, “lo cual en mis fotos trato de reflejar”; a través de su labor, esta fotógrafa busca mostrar la realidad de lo que sucede en las noches de Bogotá.


<< Manifestantes bogotanos sosteniendo un par de escudos. Foto: @tresojos666



Tres Ojos cuenta que fotografiar lo que acontece en las protestas no es una labor fácil. En sus sesiones se ha tenido que enfrentar a imágenes y situaciones difíciles, e incluso ataques directos en contra de la prensa: “Una vez nos cayó un gas a toda la prensa y lo único que hizo el ESMAD fue atravesarse en nuestro camino mientras decían ‘eso ahóguense’”, cuenta la reportera gráfica. A pesar de todo lo anterior, Tres Ojos dice que ver a jóvenes luchando sin importar si pueden salir heridos, le da ánimos para continuar informando desde las calles aquello que sucede en la Capital.


Muchos de estos fotorreporteros deciden hacer una labor independiente de algún medio; este es el caso de Mateo Builes, conocido como Teo Builes Itg, oriundo de la ciudad de Bello, quien ha registrado desde actos culturales, hasta crudos enfrentamientos desarrollados las últimas semanas en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Aunque en tiempos anteriores Teo no se había dedicado a la fotografía periodística, él se sintió en la responsabilidad de utilizar sus herramientas para concientizar a su entorno más cercano acerca de lo que sucedía en las protestas; así, se vio motivado para salir a las calles y servir como prensa alternativa.


Mateo cuenta que hacer fotografía en el contexto del paro es una tarea difícil: “Son muchas horas caminando, el cansancio, la fatiga, la sed… de hecho he tenido quemaduras en mi piel, no solo por el sol, sino también por los gases”, dice. La labor se hace más difícil cuando no hay el respaldo de algún medio, pero por fortuna entre fotógrafos independientes se crean grupos con el fin de protegerse mutuamente y capturar sin manipulaciones los hechos que se desarrollan.

Manifestantes reunidos en la estación Estadio del Metro de Medellín. Foto: @teoitg


“Me anima saber que he logrado transmitir emociones, he logrado transmitir sensaciones; he mostrado la furia, la ira, la rabia del momento. He podido llegar a personas a las que jamás creí que iba a llegar”, dice Teo. “Mi trabajo es informar, pero desde el arte”. Así, como el de Mateo, son varios los casos de personas comunes que, impulsadas por su necesidad de informar, deciden salir a la calle y poner sus equipos al servicio de quienes creen que necesitan saber lo que ocurren en las calles.

Martín Ángel, conocido en redes como Neoyuzek, ha participado también en las manifestaciones, informando a través de fotografías tomadas en Popayán y otros sectores del departamento del Cauca. Aunque Martín trabaja como fotoperiodista, él expresa que salir a las calles es también una muestra de que los fotógrafos no pueden ser indiferentes a la situación del país. “Tenemos esta generación de prensa y periodistas independientes que se viene forjando hace pocos años, personas que salen a hacer trabajo de campo y con su celular registran toda esta situación. Es algo que antes era impensable, ahora tienes horas y horas de registro en vivo que dan otra visión de la situación actual”, expresa Martín Ángel, al describir la ola de fotoperiodismo que el Paro Nacional impulsó.

Hombre sosteniendo la bandera de Colombia en medio de una protesta en el departamento del Cauca.

Foto: @neoyuzek

Pese a que Martín pretende capturar escenas que informen a la ciudadanía de forma imparcial, afirma que en muchas oportunidades no hay garantías para desarrollar la labor de prensa: “Me han amenazado, insultado y agredido”, cuenta el fotógrafo. Por lo anterior, Martín dice que en Colombia es necesario concientizar más acerca de la labor de la prensa, pues además de ser infravalorados económicamente, los fotoperiodistas sienten que tener un distintivo de prensa representa muchas veces un riesgo que los hace objeto de agresiones.


Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), para el 25 de mayo eran 165 los casos de agresión en contra de periodistas en el marco del paro nacional, 89 agresiones más que las ocurridas en las protestas del 2019 en sus primeros 40 días. De estas 165 agresiones, 87 fueron cometidas por miembros de la fuerza pública, presentándose incluso 16 casos de disparos directos en contra de la prensa. Esta violencia puede afectar especialmente a los fotoperiodistas, pues su labor exige un gran acercamiento al lugar de la noticia, y es posible que se agudice más cuando quien hay detrás de la cámara es un fotógrafo independiente sin ningún distintivo de un medio reconocido, a pesar de estar amparados por leyes y tratados, algunos de alcance internacional.


Jonathan Bock, director de la FLIP, piensa que la situación en el país para la prensa es preocupante: “Las jornadas de protestas sociales que se han llevado a cabo desde el 28 de abril han expuesto la vulnerabilidad y desprotección de los periodistas en el país. La libertad de expresión y prensa se ha visto gravemente afectadas por el alto nivel de violencia que se ha vivido en Colombia en los últimos días. Es urgente que se implementen acciones diferenciadas para garantizar su seguridad. El trabajo de una prensa libre es un imperativo para salvaguardar el Estado democrático” señaló en un informe de la organización que lidera.


Los repetidos actos de violencia han causado que un grupo de fotoperiodistas y reporteros lanzaran el 1 de junio un comunicado en el cual exigen garantías por parte del Estado y de los grupos en choque durante las protestas para ejercer libremente la labor fotoperiodística, además hicieron un llamado a la Comunidad internacional para que se creen condiciones que permitan el libre ejercicio de la prensa. El comunicado cuenta con 104 firmas, muchas de ellas provenientes de fotógrafos independientes.

Fotógrafos reunidos en una protesta cerca al Parque de los Deseos. Los registros fotográficos han jugado un papel fundamental en las protestas llevadas a cabo desde el 28 de abril. Foto: @teoitg

El fotoperiodismo siempre ha estado ahí para contar lo que las palabras no alcanzan relatar. Las protestas del último mes dejan un balance que señala además un largo recorrido para reivindicar su labor, liberarla de estigmatizaciones que los han convertido en objetivo agresiones y que el contenido que publican sea valorado de manera acorde a lo que implica buscarlo.

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