Instinto de supervivencia

"Yo pensé que no iba a volver a ver a mis hijos, pero uno quiere salir para que lo ayuden o algo, uno no se quiere tampoco dejar morir". Del fraude en el servicoo de energía se hablan con cifras generalmente, este relato muestra la faceta humana del problema, que incluye notas muy negativas. Testimonio de Juan Daniel Germán Hernández, exinspector de fraudes en Electricaribe.


María Andrea Gil Serna / periodico.contexto@upb.edu.co


¿Le soy sincero? Cuando me dijeron para hacer esto… A mí alguien me pregunta ¿cómo te pasó eso? Y yo evado, ¿sí me entiende? No me gusta recordar porque fue algo muy traumático.


Eso fue en junio del 2015, yo era inspector de Electricaribe y me movía en todo lo que era Córdoba Sur. A eso de la una de la tarde llegué yo a una finca como a dos o tres kilómetros antes de Buena Vista, entré y encontré una irregularidad, le tomé foto porque el procedimiento mío era tomarle evidencia fotográfica y pasarla a la empresa.


Actualmente son pocos los rastros que se ven del episodio que a Juan Daniel casi le cuesta la vida. Foto: Cortesía. >>


Al momento de salir, yo prendí mi moto y vi que el señor de la casa, un señor alto y moreno de 65 años aproximadamente, salió y se fue adelante, como era puro potrero yo tenía que pasar por una puerta y cuando lo vi ahí parado en esa puerta, yo le dije: “Que calor, ¿cierto jefe?” y él me respondió: “Mjm”, pero nunca pensé que fuera a hacerme cualquier cosa, entonces me dijo: “bueno, entrégueme el celular” con un machete en la mano y yo le contesté: “no te lo puedo entregar porque este es el trabajo mío”. Sin decir más palabras me tiró un machetazo a la cabeza y yo levanté las manos, con las manos me protegí y me cortó en el antebrazo, de ahí yo me tiré de la moto y me fui por la orilla a agarrar un palo para defenderme y ¡qué va! Ya la mano no me funcionaba, ya la tenía echada para atrás.


Yo salí corriendo para la casa de él, comencé a pedir auxilio y el señor detrás de mí. Yo le decía: “yo tengo hijos pequeños, yo no hago este trabajo porque quiera, sino porque es el trabajo que tengo, ¿qué culpa tengo yo de que este sea el trabajo mío? Vea, si quiere le entrego el celular, déjeme ir” y él: “¡Te voy a matar malparido, te voy a matar!”


Cuando llegué a la casa de él, que era cercada con una malla, me la cerraron. Después salió el hijo, un hombre alto y grueso que dijo: “no le dé porque ya hizo bulla, vamos a sacarlo de aquí de la finca que él se va a morir de todas maneras”. Me comenzaron a empujar y me llevaron hasta la moto, el hijo me dijo: “vea que le estoy ayudando”, en el trayecto el señor decía: “¡No! Vamos a picarlo, vamos a desaparecerlo aquí en la finca”, pero el hijo insistía que no porque ya los vecinos sabían que yo estaba ahí.


Pensé que iba a morir ese día, en lo único que pensaba era en mis hijos porque estaban muy pequeñitos y no los quería dejar así, me acordé de mi mamá que está muerta, comencé a pedirle a Dios que me diera otra oportunidad, que me permitiera ver criar a mis hijos.


Así me monté en la moto, el hijo me la prendió y me fui. A 500 metros de llegar a la carretera se me puso la vista oscura y me desplomé, cuando ya reaccioné, yo dije: “si me quedo aquí, me desangro, me muero, como sea tengo que salir hasta la carretera” y salí gateando, me atravesé en la carretera nacional y venía un carro, pero cuando me vio me sacó el zigzag y siguió derecho, después venía una moto, ese fue el que paró como con miedo, me montaron en un taxi y me llevaron al Hospital San Nicolás. Cuando llegué a Planeta Rica, llegué sin conocimiento, yo oía por allá lejos cuando la enfermera gritaba: “se nos fue, se nos fue” y el médico decía: “líquido, líquido”.


De ahí me mandaron a Montería, la primera noticia que me dieron cuando llegué a la Clínica Central fue que me iban a amputar la mano, pero la Salud Ocupacional de la empresa y otros amigos dijeron: “no, no, no, vamos a hacer las vueltas para mandarlo a Medellín”.


Esa noche me operaron la vena arteria porque el señor me la cortó, me cortó los tendones y también los nervios. Cuando desperté de la cirugía, mi esposa estaba al lado mío y me sentía tranquilo, ese día nos dimos cuenta de que ella estaba en embarazo, yo pensaba: “casi me muero sin saber que iba a tener otro hijo”.


Al día siguiente me mandaron para Medellín, mi esposa iba en la ambulancia conmigo, ella estuvo ahí todo el tiempo. En el trayecto de Montería a Medellín tenía la hemoglobina en 6 y los médicos de Montería cometieron el error de mandarme así, cuando llegué a la Clínica Medellín de Occidente, llegué sin conocimiento y me entraron a reanimación, me cambiaron las vendas de las heridas, me pusieron tres litros de sangre y al día siguiente estaba mucho mejor.


Estuve 18 días internado en la clínica, me hicieron como cinco o seis cirugías de reconstrucción de tendones, de nervios y en los dedos de la mano derecha, hoy en día tengo unos dedos como torcidos y no tengo sensibilidad en la mano, pero por lo menos la muevo. Cuando recuerdo todo esto me da ira con ese señor. Yo le pido a Dios todos los días que me ayude a perdonarlo para no tener ningún rencor con él, que lo perdone a él y que me ayude a borrar esas secuelas. Yo trato más bien de olvidar eso.


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Trabajo realizado para el curso Periodismo III, orientado por la profesora Claudia Sánchez Aguiar.


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