Salud mental: buscar soluciones

Impresiona cuánto somos capaces de juzgar sin tener en cuenta lo que hay detrás de cada persona. El hecho de no referirnos a temas como la depresión, la ansiedad o el suicidio y todos los trastornos que puede llegar a tener una persona a lo largo de su vida; sabiendo que muchos de ellos los sufrimos a diario, en silencio. Puesto que en esta sociedad nunca estamos solos, siempre estamos conectados, ya sea a través de todas las redes o frecuentados por personas que no nos permiten escucharnos lo suficiente para darnos cuenta de lo que realmente estamos sintiendo, de eso se trata la soledad moderna.


¿Por qué solo consideramos enfermedades mentales aquellas que inducen al desgaste progresivo?, ejemplo, la epilepsia y el alzhéimer. Vivimos en un mundo donde según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 300 millones de personas están deprimidas, sin contar las que no están diagnosticadas. Muchos son los factores que influyen en la salud mental de una persona: como su entorno, educación y estrato socioeconómico.


Hoy en día muchos no estamos tristes, melancólicos o consentidos, ni mucho menos locos. Estamos ansiosos, llenos de inseguridades y de profundas depresiones. Y el porqué no es la pregunta más adecuada. Si observamos cuidadosamente, podemos darnos cuenta que estamos llenos de gratificaciones instantáneas, que actúan como un sedante ante esta angustiosa realidad. La pregunta es ¿cómo vamos a solucionarlo?


¿Qué futuro estamos construyendo teniendo que suprimir nuestras emociones para ser normales, hasta el punto de no disfrutar o lo que es peor, decidir terminar con nuestras vidas? Queremos que hasta los robots sientan, pero en cambio, nos negamos esa oportunidad que nos hace más humanos. ¿Qué estamos haciendo? Por qué sentimos otras motivaciones exógenas como factores que decimos buscan nuestra destrucción, cuando ya nos estamos destruyendo a nosotros mismos todos los días, suprimiendo aquellas partes que nos hacen vulnerables, que nos hacen ser humanos. Porque la humanidad se trata de eso, ¿no? El ser, la conciencia; el poder sentir que estamos vivos. ¿Qué pasaría si empezáramos a conversar realmente desde las profundidades de nuestra psiquis, sería este finalmente el mundo soñado?.


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Trabajo realizado en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicado en el periódico El Colombiano.






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