Mujeres trans, trabajadoras sexuales en condiciones precarias

Antioquia Trans, uno de los colectivos que defienden los derechos de las personas LGBTI+ en el departamento, las ha acompañado durante el confinamiento.


Históricamente, la población trans ha sido víctima de discriminación y exclusión dentro de la sociedad, pues las personas que hacen parte de ella han cambiado el orden del paradigma planteado respecto al género y la sexualidad. Ante esto ha habido respuestas agresivas desde el orden social establecido. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en América hay cuatro países con las cifras más altas de homicidios de personas transgénero y transexuales. Colombia hace parte de la lista.

<< La obra de Jorge Zlonso Zapata, dedicada a retratar la cotidianidad del Centro, ha sido expuesta en Divas Art Gallery.



A pesar de la visibilidad que ha adquirido esta población en el país, el Gobierno Nacional aún no cuenta con las garantías necesarias para atender los casos especiales de estas personas. Cosa que ha quedado en evidencia gracias a las medidas de aislamiento social que se decretaron por la propagación del COVID-19, porque la ha incrementado vulnerabilidad de muchas personas LGBTI+, en especial de las mujeres trans. La gran mayoría de ellas trabaja en el sector de belleza y cosméticos, o se dedican al trabajo sexual para obtener el sustento económico del diario vivir.


Ahora bien, en Medellín hay un lugar en la comuna 10, La Candelaria, llamado Barbacoas. Esta es una calle antigua del centro de la ciudad y es conocida por ser un punto focal del trabajo sexual de mujeres trans, pues la mayor parte de ellas habita y trabaja en el sector. “Muchas de ellas están acostumbradas a estar en la calle, son nómadas: si no están en el centro de la ciudad, están en San Diego; si no, están en la autopista; si no, están en otro municipio u otra ciudad. Siempre están en movimiento”, afirmó Miguel Gallardo, fundador del Bar/Galería Divas que está ubicado en la zona.


Ellas están todo el tiempo en la intemperie, uno de los factores de riesgo que las hace más vulnerables. Además viven del día a día. Muy pocas cuentan con una casa propia, viven en habitaciones de inquilinatos o de hoteles que a la vez cumplen con el papel de lugares de trabajo. Desde que comenzó el confinamiento se han visto obligadas a no salir a las calles para no exponerse al virus o a una sanción. Muchas que no cuentan con otra fuente de ingresos distinta a la prostitución, siguen saliendo para atender a los pocos clientes que llegan a la zona. Los más fieles a ellas son los taxistas, pero ahora atienden a vecinos y trabajadores del mismo sector.


La Ley Rosa Elvira Cely

El 6 de julio del 2015, el expresidente Juan Manuel Santos expidió esta la ley con la cual se reconoció el feminicidio como un delito autónomo. Solo hasta diciembre del 2018, el juzgado Segundo Penal del Circuito de Garzón (Huila) condenó a Davinson Stiven Erazo Sánchez como responsable del feminicidio de Anyela Ramos Claros, una mujer transgénero. Fue la primera vez en la que el cuerpo judicial del país reconoció el homicidio de una mujer trans como un feminicidio.


El abuso policial


El contexto sociocultural de la capital antioqueña es conservador, pero la explicación de este va más allá de las distribuciones geográficas que posee el Valle de Aburrá. Ismaria Zapata, integrante del movimiento político Estamos Listas aseguró que “el abuso policial hacia las mujeres trans es un hecho casi histórico. Incluso hay casos en los que han sido víctimas de violación en los CAI”. El abuso de la autoridad contra ellas ha surgido como un rechazo porque “desde la perspectiva de una ‘sociedad organizada’, para ellos, estas mujeres ‘traicionaron’ la idea paradigmática de la imagen de los hombres, el lugar de la virilidad”, puntualizó Zapata.


Según el Acuerdo 08 del 2011 del Concejo de Medellín, “se adopta la política pública para el reconocimiento de la diversidad sexual e identidades de género y para la protección, restablecimiento, atención y la garantía de derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales (LGBTI) del Municipio de Medellín”. Desde lo que contempla el documento, las mujeres trans que se han visto inmersas en casos de discriminación por parte del cuerpo policial se han aferrado a todo el cubrimiento legal que puedan lograr para darle una solución a esta problemática. Asimismo, la Defensoría del Pueblo elaboró un informe llamado Cuando autoridad es discriminación, donde las personas de la población LGBTI+ pueden guiarse al momento de denunciar situaciones de abuso de poder de la autoridad.


En gobiernos anteriores estas poblaciones no eran validadas y a las mujeres trans no las identificaban como mujeres. Ahora cuentan con más auxilios por parte de las autoridades, pero no son eficientes. Al tabú que ya tenían por ser LGBTI+ se les suma el que hay alrededor de las dinámicas del trabajo sexual, ese es otro de los factores que causa un atropello de la fuerza pública hacia ellas.


“Las relaciones con la institucionalidad son muy complicadas, muchos de los policías se niegan a proteger a las mujeres trans que trabajan en la prostitución y siempre hay una tensión entre ambos”, expresó Danys Acevedo, integrante del colectivo Antioquia Trans. Durante la pandemia, como muchas han violado las medidas de aislamiento público para salir a trabajar y obtener ingresos, han tenido conflictos con la policía porque el reglamento implementado no les permiten trabajar, las obligan a quedarse encerradas en los hoteles donde viven.


Acceso a los servicios de salud pública y ayudas del Estado


La cartilla Trans-formando derechos, distribuida por la Defensoría del Pueblo desde el año 2019, se encarga de divulgar y proteger los derechos de las personas transgénero que son víctimas de violencia y discriminación. Dentro de la sección de Salud, basada en el artículo N°49 de la Constitución Política, se afirma que el Gobierno debe garantizar las intervenciones quirúrgicas, los exámenes para el diagnóstico, el seguimiento, los medicamentos, entre otros componentes que se necesiten para la salud de la persona. Aquí surgen los problemas al momento del diligenciamiento de todo el papeleo para acceder a estos derechos, pues muchas de las trabajadoras sexuales trans que han comenzado el proceso se les dificulta seguir con el mismo.


Dentro del sistema de salud también se ve la discriminación transfóbica, pues en repetidas ocasiones se presentan casos desde el personal médico hacia estas mujeres. Les alargan los tiempos de entrega de los medicamentos, se niegan a darles la prescripción de las hormonas, no las remiten a los endocrinos e incluso se niegan a hacerles los procedimientos quirúrgicos que les piden. “Muchas de las mujeres deciden no entrar a los procesos de reemplazo hormonal por la cantidad de trabas que les ponen para lograrlo, la arbitrariedad del sector de la salud hacia ellas es innegable dentro de estas dinámicas”, afirmó Acevedo.


La ausencia de reconocimiento que hay de las mujeres trans trabajadoras sexuales desde la ciudadanía implica una insuficiencia gubernamental, es decir, que las ayudas que obtienen son precarias. En este momento, las que ya habían empezado un tratamiento hormonal, no tienen cómo acceder a los medicamentos de control y el Estado no cuenta con programas especiales para hacer que ese tipo de ayudas lleguen a ellas.


La mayoría de las personas que han sido beneficiadas con mercados y ayudas monetarias del sector de La Candelaria las han recibido por parte de los colectivos y movimientos que están comprometidos con la causa, como Putamente Poderosas y las Guerreras del Centro. La brecha en la trazabilidad de la información para la entrega de las ayudas es amplia, pues hay muchas personas en situación de necesidad en medio de la pandemia y el manejo de los datos se complica. “A las mujeres trans, puntualmente, no les ha llegado ninguna ayuda”, concluyó Acevedo.


Divas, The Gallery

Comenzó con la idea de ser un club privado con servicio de habitaciones al que solo podrían acceder los clientes con membresía, pero hubo muchos conflictos entre las mujeres trans de la zona y Miguel, el dueño del bar. Así que decidió convertirlo en una galería de arte, donde se hacen exposiciones de fotografías, pinturas y shows de Drag Queens. El negocio lleva 3 años funcionando.


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