La otra cara de la moneda



Sobran adjetivos para referirnos a lo que está sucediendo en el mundo, pero si digo miedo y caos, bastan para enmarcarlo. Con la aparición del covid-19 la vida se ha vuelto de color gris para la raza humana. Sin embargo, no todo ha sido malo. Llevamos años hablando de contaminación ambiental, años realizando campañas, foros, actividades para concientizar a las personas que debemos cuidar el planeta, pero nada ha sido suficiente para crear conciencia; hoy pareciera que la naturaleza nos estuviera cobrando el daño que le hemos hecho. La tierra está desintoxicándose. Mientras estamos encerrados en cuarentena protegiéndonos de un virus, la polución ha disminuido en muchos países, los animales disfrutan tranquilamente de su espacio, no hay residuos en las calles, millones de kilómetros de selva empiezan a recuperarse. El mundo ha vuelto a respirar. Esto nos debe llevar a pensar ¿quién es el verdadero virus? ¿somos los seres humanos una plaga? La pandemia acabará, y entonces volveremos a salir de casa, y si aprendimos la lección esta situación deberá marcar un cambio en nuestras vidas, nuestro país y los gobiernos. Que no sea temporal este respiro que le hemos dado a la naturaleza.


De otro lado, pero en el mismo cuadro, mientras el mundo se toma un descanso, aparecen los aprovechados: un tapabocas que costaba $600 ahora tiene un valor de $3.000 -si lo consigue-. Me lleva a pensar que no servimos como sociedad. Nos quejamos de la corrupción, pero cuando nos dan tiro, empezamos a aprovecharnos de cualquier situación.


Es la otra cara de la moneda, esa que muchos se esfuerzan en no mirar, pero que ahí está. Mientras unos gozan de un encierro privilegiado, otros no tienen dónde dormir; mientras algunos suben un tutorial gourmet a sus redes sociales, otros desearían tener algo para comer; mientras unos gozan de servicios de salud prepagados, a otros solo les queda rezar para que el virus no les llegue. Es momento de empezar a mejorar como humanidad, reconocer que lo material no es lo importante, que el dinero es papel, que el planeta, la salud y nuestras familias, es lo que realmente vale la pena cuidar. Si la pandemia no nos cambia como personas habrá sido un tiempo dolorosamente perdido.


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Esta columna fue realizada en el curso Introducción a la Comunicación, orientado por el profesor Luis Fernando Gómez Velásquez. Publicada en la sección Taller de Opinión de El Colombiano.

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