Profes de frente. Al tablero y en el escenario

¿Alguna vez ha pensado qué hace su profesor cuando no está en el salón de clases, cuando no está preparando la cátedra o cuando no está revisando exámenes? Conozca 10 perfiles de profesores, exprofesores o aspirantes a docentes que también han decidido seguir sus pasiones y sueños representados en bandas de todos estilos del rock de Medellín.


Economista a contracorriente


Desde uno de los balcones de la Universidad Autónoma Latinoamericana me llama por mi nombre y pregunta dónde deberíamos sentarnos para hablar más tranquilos. Realmente no importa, cualquier lugar de su espacio de trabajo podría ser apto para hablar sobre la vida de una persona que, teniendo más de 12 años de experiencia como docente en el área de Economía, tiene una banda de punk en sus tiempos no tan libres.


Efraín Arango tiene 40 años y en el momento dicta la clase de Microeconomía. Es catedrático de la Universidad de Medellín, Especialista en Ingeniería Financiera de la Universidad Nacional, Magíster en Matemáticas Aplicadas de la Universidad Eafit y estudiante de doctorado de Modelación y Computación Científica en la Universidad de Medellín. Estudios acumulados que de alguna forma le han servido para ser aceptado como docente blanco y bajo de gafas, con rastros de una cresta que tuvo hace años y tatuajes en los brazos que harían que otros piensen que, si da clases, es sobre temas relacionados con el arte o el diseño.


Él, economista de tiempo completo, se mete de lleno en todo lo que hace, comiéndose las cosas como los gorgojos, en el salón de clases o en una tarima pisando fuerte y cogiendo el micrófono con tanta firmeza que pareciera que es parte de él.


La banda es Los Gorgojos, que toca géneros como el punk, punk rock y algo de hardcore. Surgió por casualidad hace 3 años cuando un alumno, que es baterista, y un amigo suyo que también fue su estudiante, lo invitaron a una sala de ensayo y le dijeron que fuera a gritar, es decir, cantar algo. Desde ello la ha utilizado como una válvula de escape a sus otras responsabilidades, tratando de hacer letras con sentido hablando de temas sociales como la política y la violencia.


La juventud que desembocó en el deseo de tener una banda transitó también por caminos de influencia radical como los del movimiento skinhead, en un peregrinaje por extremos buscando lo que realmente debía hacer.


A la docencia llegó por casualidad cuando trabajaba en San Fernando Plaza, en el sector financiero. Desde que comenzó con la banda, su vida ha tenido diferentes cambios; trata de mantener su vida como profesor y como músico, y ha tenido que lidiar con algunos que no están muy de acuerdo con lo que hace aparte de su profesión.


Por ahora, no ha sido difícil que sus estudiantes respalden el hábito de vida que lleva aparte de lo académico, incluso algunos de estos han pasado de ser alumnos a relacionarse con su música.


Los Gorgojos desean grabar un disco y, personalmente, Efraín desea seguir en la escena del punk de Medellín que describe como una fraternidad en la, desde los más viejos hasta los más jóvenes se apoyan y dan todo porque nunca han tenido, ni van a tener, no tienen nada que perder.



Trabajar con Control por más de medio tiempo



A casi tres pasos de distancia se lo ve sonriendo. Saluda y se disculpa por haber llegado unos minutos tarde. Al trabajar en su casa el tiempo se le va volando y hasta lo hace distraer, dice él. Al caminar mira de lado a lado y no mantiene la vista en un punto fijo. Posteriormente advirtió que era una persona muy inquieta, su forma de moverse y empezar a hablar aceleradamente para luego disminuir el ritmo de sus frases y aumentar la velocidad en las últimas, lo confirma.


Al encontrar un lugar ideal, se sienta y se acomoda para mirar a los ojos y decir que está listo. Lo primero: se llama Andrés Mauricio Montoya tiene 35 años, algunos lo conocen por ser psicólogo de profesión gracias a la Universidad Católica Luis Amigó y magíster en Psicología Clínica de la Universidad del Norte, otros pueden reconocerlo porque fue docente de 3 cursos de la carrera de Psicología en el Tecnológico de Antioquia y algunos podrán identificarlo como el vocalista de Control, una banda de Hardcore que fue creada hace casi dos décadas.


Lo demás y el resumen: Aunque Andrés tenga diferentes características y actúe de maneras específicas en cada ámbito de su vida, todos esos elementos se ven unificados en una persona que en semana puede estar capacitando a tus empleados, que puede brindarte ayuda psicológica, que quizás le dio clase a uno de tus hijos y que, al mismo tiempo, es el que se para en una tarima gritando tan fuerte como para que sobresalga la vena de su cuello, para que los ojos se achinen y que al combinarse con el sonido del rasgueo de una guitarra la voz se levante para decir que esos que están en el pogo están presentes, son fuertes, libres, y luchan por no morir silenciados y por defender sus convicciones.


Al hardcore llegó en 1999 cuando, teniendo afinidad por el rock, fue a un concierto de New York Hardcore, que era el segundo de este estilo que se daba en Medellín, y ese día cambió todo. Poco tiempo después, gracias a esto, surgió el deseo de formar una banda, que se creó junto con otras 4 personas, de las que aún permanecen 3. Esta se unió en el 2000 y trabajó hasta el 2008 para suspenderse hasta el 2015 y regresar para hacer todas las tareas que quedaron pendientes.


La banda, adquirió el nombre de Control no solo fundamentándose en un género musical sino en toda una filosofía, incluyendo el Straight Edge, un estilo de vida derivado del hardcore en el que los individuos se abstienen de beber alcohol, fumar tabaco y consumir drogas.


Tras estar más de 6 años separados, los miembros de la agrupación regresaron por la nostalgia, por el extrañar, por no estar preparados para dejar lo que realmente nunca se dejó.


En ambos periodos consiguieron diferentes cosas que, de acuerdo con sus palabras, han sido autogestionadas, y se han logrado cuando todos ‘’se ponen la 10’’. Proyectos a los que han accedido aunque individuos de la escena rechacen estos estímulos.


Al contrario de como fueron las cosas con la banda, su profesión y la docencia llegaron casi por azar, como respuesta a la inconformidad de estudiar algo que no le apetecía y como relación a lo que siempre había querido y le había gustado.


A la docencia la dejó porque las condiciones laborales no estaban al mismo nivel de su gusto por enseñar, pero teniendo título de psicólogo, un trabajo y aspiraciones con la banda, no tiene realmente tiempos libres y su vida se ha vuelto un 50/50 ahora con capacitaciones empresariales y lo que para él es todo.


Para algunas personas ajenas a la escena del hardcore, este género está relacionado con la fuerza, los movimientos violentos y el consumo de drogas. Sin embargo, para él, estas conductas no están directamente relacionadas con la música que se escucha. Y ellos no son un producto que puedan desechar ni aplastar.



Su proyecto principal ahora es que Control no se quede solo en Medellín y que ellos no sean los únicos que puedan expandirse al estilo del hardcore, adelante con las uñas y los puños.



El punk en manos de un administrador de negocios


Al estar esperando afuera de Hard Rock Taller se me aproxima un hombre que se baja despacio de una bicicleta y me mira sin decirme nada mientras se acerca a la puerta y toca el timbre. Luego, me pregunta mi nombre y al saber que efectivamente soy yo, dice el suyo y estira la mano para apretar la mía. Se llama Andrés Urrego, tiene 52 años y es conocido, tanto por sus estudiantes como por personas que conocen su banda de punk, como El Profe.


Su ropa y gorra negra quedan alineadas con sus manillas y el piercing de su ceja —de la misma forma de la que se presenta en su trabajo— poco habitual para un administrador de negocios, especialista en Finanzas y Mercadeo y magíster en Gerencia de Proyectos, mucho menos para un profesor que está desde el 2000 trabajando en Eafit dando clases de Pensamiento Administrativo, Finanzas, Mercadeo y Teoría Administrativa, tampoco para alguien que asesora a emprendedores y creó un modelo de negocio para industrias culturales y sociales.


Él, que acomoda su bicicleta atrás del local a donde llegamos, está en el lugar para hablar sobre cómo mutar el concepto de su banda, Estridentes, y consolidarla como un modelo de negocio aplicando sus conocimientos sobre mercadeo y emprendimiento en un género que muchos describen como anárquico.


Que lo identifiquen como El Profe podría ser irónico si se considera que esta profesión no entraba en sus sueños cuando era joven, pero el apodo se valida cuando habla y cuenta que a esta llegó por casualidad , lo sacó de apuros y lo enredó con su consentimiento.


Quebrarse, para él, más que representar un fracaso, constituyó varias oportunidades para darse cuenta de qué es lo que sabía y qué podía hacer con eso. Aunque aún no supiera que eso no era lo que más quería.


Cuando empezó a ejecutar su deseo de ser escritor otras cosas se alinearon y contribuyeron a que otros gustos que tenía desde adolescente se fueran fortaleciendo. Como el punk, que llegó a él cuando se vio envuelto en un ambiente en el que sus compañeros adoptaban este estilo de vida al mezclarse con otras culturas en sus viajes.


La fantasía de ser vocalista de una banda de punk, aunque esto significara también ser estigmatizado, fue haciéndose realidad y con ella volvió de algún modo el adolescente que se encerraba en su habitación para escuchar punk y sentirse en un concierto. Adicionándose esto a ser escritor de novelas de negocios en las que, además de haber historias de amor se desarrollan modelos empresariales.



Pero dedicarse enteramente a una banda no era una opción viable. Lo que lo obligó a repensar la idea desde su propio formato - modelo de negocio, enfocado a las industrias culturales y sociales, el Star Model; aunque hubiera la posibilidad de que algunos individuos de la escena rechazaran que este modificara el punk para convertirlo en algo diferente.


Sin importar las críticas El Profe ve la música no solo como un proceso de creación sino también como una fuente de supervivencia en el que el creador debe saber qué es lo que la gente quiere para dárselo. Por lo que, según él, el punk de Medellín se está quedando en el pasado.



Para Andrés, ser profesor no es solo una ocupación alejada del punk, sino una forma nueva de ‘’socavar el sistema’’ sembrando semillas de cambio desde adentro, sin necesidad de gritarle al mundo que está en contra de este porque, de acuerdo con sus palabras, el sistema es más poderoso que él.



Si es punkero, es parrandero

La bicicleta la estaciona cerca a la mesa donde se sentará y muestra todo el conjunto de dientes mientras pronuncia cada palabra, o mientras se prepara para soltarla. Se llama Daniel Felipe Gómez y dice tener 26 años, pero su cara infantil podría hacer pensar que no tiene más de 20, incluso alumnos suyos, de Escolaria, donde da clases de Español, Sociales y Formación ciudadana, pueden lucir mayores que él, un licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia que próximamente empezaría a estudiar Antropología.


Él, que siendo profesor pertenece a 3 bandas —2 de punk y una de música parrandera— ha sabido aprovechar su tiempo para ejercer su profesión, para seguir sus aspiraciones musicales y para hacer parte del proyecto Querajú de la Corporación Colombia Noviolenta en el que, toca el bajo como en sus demás bandas, en espacios de formación e interacción con niños, jóvenes y adultos para desarrollar la filosofía de no violencia.


Él, que aprendió a tocar guitarra porque lo invitaron a una clase y luego se puso a tocar el bajo, —de acuerdo con sus palabras, como todo bajista—, te habla bien de Antioquia en una banda de punk y luego te toca el grillo de Darío Gómez con La berrionda haciendo que se te caiga la postura de punkero radical para brindar con hermanos y la tapetusa que siempre estará.


Al punk llegó por el barrio donde ha vivido toda la vida, Aranjuez. Esta comuna, con tantas caras y personalidades, tenía al género tan naturalizado que hacía parte de su propia identidad. Uno de los motivos por los que decidió formar una banda.


1910, la banda de punk, tiene como precedente otra que hizo que este se planteara mejor cómo hacer las cosas en una agrupación que llevaría el nombre para honorar a Cosiaca, personaje del folclor paisa.


La relación con el campo y las experiencias vividas en Antioquia, los impulsaron a él y sus amigos en la idea de formar una agrupación de música parrandera: La berrionda, proyecto que, según dice, surgió muy natural y llegó a revolucionar el género tocando letras más punkeras y haciendo que, incluso skinheads dejen su posición y canten y bailen como si fueran niños y estuvieran en una fiesta familiar.


Al igual que la música, el ser profesor estuvo en los deseos de Daniel desde que era pequeño y solo en una tarima o en un salón de clases se siente pleno, por lo que mezclar las responsabilidades de ambas dimensiones no ha sido realmente un sacrificio aunque sea difícil.


Sin embargo, para este profesor joven el futuro de la música es oscuro, como todo en el país. Cuando se escoge la docencia y la música parece que se está entre la espada y la pared, pero para él, sin importar las dificultades, todo se hace por amor.


El profe de la guitarra


Está sentado en una droguería de Aranjuez, no está atendiendo porque está frente al computador escribiendo un ensayo acerca del papel de un profesor, es para la universidad, para su carrera como licenciado en Inglés de la Universidad Católica Luis Amigó. Con sus 23 años y apariencia juvenil, cuenta con el poco tiempo de adulto con más de 30 años. Está allí porque está encargado de la farmacia mientras su mamá no está, así que aprovecha para escribir ya que ese día, jueves, tampoco está trabajando en el colegio donde da clases de inglés desde que comenzó el año.


Juan Pablo Rodríguez, de ojos verdes, cabello un poco largo y negro, brazo tatuado y expresiones suaves toca la guitarra y utiliza sus espacios libres, que no son tantos, para coordinar con sus amigos y ensayar para perfeccionar el acto de Inmemorial, su banda de hardcore. Las habilidades que tiene con su instrumento no solo han sido utilizadas para tocar en una tarima sino también para enseñar inglés a varios niños, incluyendo a unos que lo identifican como ‘’el profe tatuado’’.


Aún no se ha graduado, está en séptimo semestre —de nueve por los que se pasan en la carrera— y, aunque pasó antes por Ingeniería de Sistemas, empezó a estudiar una Licenciatura por su gusto por los idiomas, sin pensar inicialmente que se tendría que enfrentar a un salón de clases.


Actualmente trabaja con niños, los cuales para él han sido un elemento importante para crecer tanto profesional como personalmente, y para tenerle más amor a la profesión que hasta ahora empieza, por lo que quiere tener más experiencia antes de enseñar a otros grupos, porque para él el inglés es otra forma de aprender y enseñar culturas.


A Inmemorial Juan Pablo la que describe como un matrimonio y señala que sus conicimientos de músico empírico de más de una década los ha utilizado para mantenerla y fortalecer la metodología para enseñar y llegar a otros.


Juan Pablo, que desde ya está enfrentando cómo sería la vida si se dedica a ser profesor y músico a la vez, no piensa en si será difícil o no, solo se plantea que si se mantienen, permanecen.



Luizz Gui y Luis López, como dos personajes opuestos



Con su cabello largo, un poco más abajo de los hombros, unas gafas oscuras y una camiseta de Kiss, saluda hablamente y afirma que tiene un poco de prisa por cuestiones laborales. Con su apariencia física se podría pensar que es profesor de música o se dedica a algo relacionado con el arte, pero no, Luis López Evans, dicta clases de Inglés en la Universidad Católica Luis Amigó.


Él, afirma que su profesión no fue algo que escogió, fue algo más que llegó a su vida de forma espontánea, al igual que ser integrante de una banda. Luis estudió Traducción Inglés –Español en la Universidad de Antioquia, por cuestiones de oportunidades laborales y consejos familiares, decidió dedicarse a la educación y realizó una especialización en Enseñanza de Inglés en la Universidad Pontificia Bolivariana.


Con 15 años de experiencia en lo educativo y con sus estudios, ha logrado abrirse camino en un campo que para él está lleno de incertidumbres y del que cada día aprende algo diferente.


Paralelamente hace parte de una banda de punk llamada Alkoholemia, creada en 2005 y de la que hace parte desde 2012, cuando su mejor amigo lo invitó a participar. Es cuando nace el personaje de Luizz Gui, que se encarga de tocar la guitarra electrica y realizar las voces junto a los otros tres integrantes, ya que no hay una voz principal.


Para Luis López ha sido un gran reto creativo hacer parte de Alkoholemia, ya que el punk nunca fue un estilo de música que le gustara o escuchara. Ahora dice sin dudar que, en los últimos años, desde lo conceptual y lírico, la banda ha intentado tener variedad y evitar la repetición, para darle un toque diferenciador a las canciones.


Luis siente que dentro de él hay dos personajes: el músico punkero y el profesor profesional y que estos no son compatibles, ya que afirma que sus intereses musicales y laborales son completamente distintos y que nunca buscaría unirlos porque es consciente de que en muchas ocasiones sus mensajes resultan no educativos.


Ha tenido la oportunidad de abrirse un camino importante en lo laboral y por eso no se ha sentido discriminado por su faceta complementaria. Sin embargo, sabe que, de alguna forma, su actitud distinta llega a incomodar a una sociedad “goda, ultraderechista, católicamente dogmática y cerrada con tranca y doble llave”, como lo afirma.



Todo en su vida es un rol a asumir: por un lado, su vida profesional y luego el hecho de subirse a un escenario. Para él, el plan educativo es un rol, ya que se debe ajustar a una agenda y unos parametros, para “no morirse de hambre”, y por otro, está el hacer parte de una banda de la cual se siente muy orgulloso.


Desde sus dos personajes opuestos, Luis acogida y respeto, que le aportan a su vida de forma positiva y que lo llenan de ánimos para seguir dos caminos que, aunque se separen, terminan uniéndose en esa misma persona que sigue su pasión, sin dejar de lago el hecho de realizarse como profesional.



Emo con un profesional


Con una sonrisa tímida y una baja se dirige a mí, tiene aspecto de una persona muy joven, no se pensaría que Juan Felipe Velásquez tiene 24 años y actualmente es docente de psicología en las sedes regionales de la Universidad de Antioquia. Por eso el encuentro debe ser rápido, el profesor está constantemente viajando.


Además, tiene una banda de Screamo, Emo y Post – Rock, llamada La Falsa Sensación de Avanzar. Aparte de ser el fundador, el guitarrista, compositor y vocalista, se encarga de los asuntos de arte como la fotografía, las ilustraciones y la estética en redes sociales.


Juan Felipe afirma que la banda es relativamente nueva, pero que la idea le rondó desde su adolescencia. La Falsa Sensación de Avanzar nació en 2017, cuando decidió mostrarle a sus mejores amigos las estructuras de las canciones y estos apoyaron el proyecto que ya tiene el sello de cada integrante.


Al igual que la gran mayoría, Juan Felipe afirma que nunca se imaginó como profesor, ya que solo entró a estudiar Psicología por curiosidad y por preguntas que tenía sobre la vida. Mientras se ríe con una voz apenada, confiesa que no le gustan las personas. Sin embargo, aspectos como la educación y el trabajo social que realiza con pacientes psiquiátricos, le ha ayudado en gran medida a cambiar esa perspectiva.


Cuando hablamos de su banda, se le puede notar la pasión que siente. Afirma que las letras cantan a muchas cosas y nada al mismo tiempo, porque reflejan las preguntas existenciales del ser humano y las líricas despiertan la parte individual de cada persona, lo que hace que cada uno vea las letras y las tome de forma diferente.


Cuando se le hace la pregunta de si su trabajo y banda se complementan, suelta una pequeña sonrisa y resalta que eso mismo se lo ha cuestionado muchas veces y que no ha encontrado respuesta, pero que sin duda, se acerca más al no, porque él es una persona llena de contradicciones e incoherencias, pero es algo que le gusta.


Desde su experiencia, Juan Felipe ha podido notar que ambos mundos en los que vive le han aportado de forma positiva a su vida. La banda le ha permitido sanar heridas y expresar cosas que no ha podido en palabras, la docencia le abrió un camino social, para entender al otro, madurar y reflexionar sus pensamientos.



El Hardcore y las ciencias sociales, se pueden complementar


La profe al frente de Mil Maquinas Jamás Harán una Flor. Foto: cortesía.


El color rojo de su cabello y los tatuajes en su brazo la hacen resaltar. De inmediato, sin haberla visto antes, uno sabe que es ella, “La Keka”, como la conocen en la escena musical. Sin embargo, en su otra vida no tan artística y divertida es conocida como Erika Rengifo, licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia que con sus 28 años ha trabajado en varias Instituciones Educativas como Javiera Londoño, Concejo de Medellín y Presbitero Carlos Alberto Calderón. Incluso empezó a ejercer la docencia mucho antes de graduarse.


“La Keka” es parte fundamental de su banda de Hardcore llamada Mil Maquinas Jamás Harán una Flor, nombre que de entrada muestra una protesta y que, según ella, marca la temática de un proyecto que, con solo 6 meses ya cuenta con algunas grabaciones y una inmensidad de proyectos por realizar.


Con una voz entrecortada y ansiosa, Erika afirma que no solo es pieza importante en la escena musical por ser una excelente vocalista, como se lo han recalcado, si no también por la anterior experiencia con su antigua banda Causa y Efecto que se separó en 2014.


A pesar de su poco tiempo en escena, Mil Maquinas Jamás Harán una Flor ya tiene un nexo a lo social. A Erika le hace mucha ilusión el hecho de hacer ser integrante principal, hacer lo que le gusta y admirar la música y el arte que están logrando.


Nunca se imaginó haciendo otra cosa que no fuera educar, esto desde muy joven para ella significó una pasión que ha podido explotar de forma satisfactoria, al igual que la música.


Erika ve un complemento en todo lo que hace y piensa incluso que que no podría ser Licenciada en Ciencias Sociales si no tuviera a Mil Maquinas Jamás Harán una Flor, y no podría tener la banda si no se dedicara a la educación.


Aunque ha vivido ciertos estigmas por sus tatuajes, ello le da a su banda y sus protestas sociales, un mayor sentido, incluso con esa doble vida que ella goza y recibe con la misma alegría.


La docencia, la trompeta y el punk



<< Jonathan Durango cantando con La Sinfoniska en El Festival Eje de Rock de Pereira. Foto: cortesía.



En un taller de música semi-cerrado cerca del Parque de Belén, me encuentro con Jonathan Durango o “Paya”, como algunos de cariño le dicen, al igual que “gordito”. Con su cabello oscuro y con reflejos de que lo tuvo pintando de color rosado, me saluda con euforia y me presenta a los demás integrandes de la banda La Sinfoniska que se encuentra ensayando en aquel lugar.


Deiby Arboleda en el trombón, People Ortiz en el saxo, Samey Berlades en el bajo, Jonathan Carmona en la guitarra y Mateo Franco en la bateria. Todos con aspectos un poco parecidos y con la misma sonrisa y vibra que transmite Paya, quien se encarga de la voz y la trompeta, además de ser el fundador, compositor, gestor y pilar fundamental en esta.


Me aparta de aquel lugar un poco caótico y afirma que aunque se siente cansado estará en aquel lugar unas dos horas más y luego se irá a casa con la satisfacción de hacer lo que le gusta.


Jonathan Durango, con 35 años, además de tener una banda, es docente de inglés en la Universidad Salazar y Herrera y en el colegio Sagrada Familia Aldea Pablo VI. Estudió Licenciatura en Lenguas Extranjeras en la Universidad de Antioquia, lo que le permitió ser auxiliar administrativo en la escuela de idiomas de esta misma. También, estudió Musica en Bellas Artes.


Me empieza a contar la historia de La Sinfoniska, lo que afirma que le trae recuerdos nostálgicos porque esta nace en el 2012 luego de que su antigua banda Ron Daymon se separara. Esta se origina como una banda de Ska-Punk, con influencias norteamericanas de la tercera ola del Ska. Uno de sus logros importantes ha sido ganar el segundo puesto en la batalla de bandas Yamaha.


Como se nota en el aspecto de los integrantes de la banda, lo que principalmente quieren transmitir es alegría y ganas de salir adelante, lo dicen sus letras, sus líricas y su puesta en escena.


Jonathan afirma que la educación ha estado desde hace mucho tiempo en su vida, pero la enfocaba más a la música porque daba clases de trompeta. Sin embargo, a medida de que pasó el tiempo, se dedicó a ser docente de Inglés y así encontró un contraste a su pasión musical.


Tener una banda y ser docente le ha dado numerosas muestras de apoyo. En ambas áreas tiene personas que lo admiran y en el campo de la docencia le reiteran el gusto por La Sinfoniska y por su trabajo en esta.


La alegría une las dos facetas de la vida de Jonathan. Tiene la sensación de que ambos proyectos de vida le aportan esa felicidad que necesita para demostrar el mensaje que predica en sus canciones y en el aula de clase.



Metal no tan vil



Elkin Quirós, con sus 45 años, formación académica en contaduría pública y experiencia como músico, actualmente hace parte de tres bandas de Heavy Metal, dos de las cuales es el fundador y co creador, por un lado Mácrata y por el otro, Night Raven.


En ambas es compositor, se encarga de la guitarra y es vocalista. En Mácrata es la voz lider y en Night Raven canta con otro integrante. Lo que hace que él sea uno de los pilares fundamentales en ambos proyectos.


A Mácrata la fundó en 2003 con Carlos Andrés Restrepo y Night Raven la creó hace 5 años en compañía de su amigo Andrés Felipe Vélez. El proceso de creación surgió como un deseo por expresar y cantar esas ideas que tiene todo ser humano, junto con un gusto "inmenso", como él lo afirma, por este género que desde hace mucho tiempo escucha.


Ambas bandas tienen temáticas parecidas. Por un lado Mácrata trata problemas sociales, políticos, ambientales que afectan el mundo. En esta se comparte una visión reflexiva y de formación ciudadana, al igual que en Night Raven. Sin embargo, en esta última se trata de llevar esa reflexión a un ámbito más personal. Mientras Mácrata se basa en generalidades, Night Raven se enfoca en las particularidades, en la introspección.


Posterior a su estudio en contaduría pública, tuvo la oportunidad de acercarse a actividades de tipo gremial, lo que lo llevo a reflexionar acerca de que las profesiones como la suya también pueden tener un sentido social y, después de un proceso que el describe como "consciente", decidió quedarse en el campo de la docencia, en el que afirma que ha aprendido mucho más de lo que ha enseñado.


En un principio no vio la articulación de su vida profesional y artística. Sin embargo, con el tiempo entendió que ambas están en el campo del desarrollo del humano, en la construcción de humanidad y finalmente logró complementarlas de esa manera.


Es consciente de los estigmas que pesan sobre el metal, pero señala que a él le ha tocado la época en que "ya las personas han reconocido ese tipo de expresiones artísticas", según dice.


Sin embargo, nota la sorpresa que muchos todavía expresan con aquel profesor que se ve tan serio y “normal”, metido en una banda de “música diabólica”, como muchos la han llamado por desconocimiento, entre otras cosas, de lo que Elkin considera que el metal ha hecho con su carrera y su vida.





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