DEBATES QUE EL PERIODISMO NECESITA



Los tres primeros meses de 2016 han transcurrido con numerosos debates en torno al trabajo de los medios de comunicación, en relación con varios acontecimientos de la realidad nacional. Son tantos los puntos de vista, tan diversos los tonos de las reacciones y tan vertiginoso el desarrollo de los acontecimientos, que se hace difícil abordar una discusión de fondo.

Cuando parece que la prioridad es dejar por cualquier medio una constancia de nuestra postura frente a los hechos y no tanto asumir que con ello, la misma puede ser discutida, resultan indispensables los espacios que abran el intercambio de ideas en un clima de moderación, que ayude a encontrar propuestas, salidas y alternativas de construcción.

Desde este espacio ya hemos planteado lo dañino que resulta la generalización, cuando se plantean críticas a “los medios” o a “la prensa”, sin especificar, porque lo que se busca es señalar, no interpelar para proponer una discusión.

Precisamente el tono y el desarrollo que se ha generado frente a los acontecimientos de la realidad nacional, que involucran el trabajo de los medios de comunicación, no ha contribuido mucho a que se desmonte dicha generalización como base de las posturas, sobre todo, las críticas.

Y es ahí donde la universidad está llamada a abrir esos espacios de discusión, asistida por la razón que caracteriza la búsqueda incesante desde el trabajo académico, el constante cuestionarse, con el deber ser como faro y no como pedestal.

El hecho de que la ciudadanía y la audiencia de los medios de comunicación hablen con propiedad y suficiencia sobre el trabajo de los medios y la prensa, es reciente, pero también es real, y, por momentos, abruma. Ante esa circunstancia, antes que juzgar esas posturas (que sí merecen un análisis), nos corresponde plantear otra discusión, en otro tono, y, por supuesto, con los fundamentos de la formación profesional en periodismo. La formación de periodistas profesionales en Colombia, particularmente en nuestra región, ha tenido facetas diversas, algunas de ellas han sido lugares comunes nocivos, que nos han condicionado, anquilosado y han dejado el contacto con el medio profesional en un letargo del que es necesario sacudirse.


Tan dañinas son las posturas, que a ultranza desde las aulas descalifican a “los medios manipuladores”,que reclutan a profesionales para condenarlos a una carrera en la banalidad y la degradación de sus capacidades;como dañinas son las actitudes delos editores y directores que se jactan de“aterrizar” a los jóvenes periodistas, porque en los afanes de la redacción, “ahora sí van a saber en qué se metieron”.


Precisamente son los hechos los que hablan de una periodista de uno de los diarios más reconocidos del país acusada de plagio, de los efectos de la publicación de un video, que fue interpretado como prueba de corrupción en la Policía, de periodistas sometidos a acoso judicial sin el respaldo de sus medios; los que hacen necesario y urgente ese debate. A estos motivos se suman otras realidades consuetudinarias, como las condiciones laborales de los periodistas: la remuneración de su trabajo, las cargas laborales propias de sus puestos, la cada vez más evidente cercanía de los avatares de la política local al devenir de los medios en nuestra región, y, en general, todas las condiciones que intervienen en la calidad del ejercicio profesional.


¿Qué situaciones condicionan el ejercicio libre, responsable y equilibrado del periodismo en nuestra región? Aún más importante: ¿Qué alternativas se pueden construir para promoverlo en las condiciones actuales?


El diálogo debe ser abierto, franco, diverso, respetuoso para que sea constructivo. Cada edición de Contexto es una señal de la disposición de esta casa de estudios a propiciar esa discusión, no es menor el gesto de proponer una alternativa para informar a la ciudadanía y lo sabemos, como sabemos lo importante que es ser una entre muchas voces que, como se ha dicho antes y como lo diría en sus reflexiones, el recientemente fallecido sacerdote jesuita Horacio Arango Arango, es necesario que escuchemos hasta poderlas entender.

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